Solía ponerme a pensar
seguido en cómo reaccionaría si un día estuviera caminando en la calle y
alguien me tomara por desprevenida y me intentara asaltar. Pensaba en las
diferentes historias que había oído alguna vez y en la forma en la que habían
manejado ese tipo de situación; algunos me contaron que se quedaron en un
completo estado de shock , otros que salieron corriendo, otros que se
defendieron de su asaltante.
Tantas reacciones me
hacían imaginar que estaba en los zapatos de estas personas valientes; me veía
corriendo, defendiéndome, quedándome congelada. Sin embargo, creo que nunca
pude definir en verdad la forma en la que reaccionaría en caso de verme
enfrentada con un asaltante, porque como todos dicen, nunca sabes como vas a
reaccionar en ese momento.
Para todas las personas
que se suelen hacer este tipo de preguntas de forma frecuente, les quiero decir
lo afortunados que son por estar del lado de los que preguntan y no del lado de
los que salieron de ello y ahora
continúan contándoselas a sus familiares y conocidos. Desafortunadamente, me encuentro en este instante escribiendo
esto con el fin de contar mi experiencia, y si es posible, lograr dejarlo en el
pasado.
En fin, el 23 de enero
de 2015 me asaltaron. Todo pasó demasiado rápido; iba caminando por la calle,
detrás del cine, cuando sentí a alguien
que venía detrás de mí. Volteo, veo a un chavo de mi edad , aproximadamente,
caminando detrás de mí. Venía bien vestido; chamarra de cuero, camisa blanca de
vestir, peinado, como si fuera en camino a una fiesta.
En ese momento no pensé
nada malo. Venía a una distancia razonablemente alejada de mí; y yo muy
inocentemente pensé que simplemente íbamos caminando por la misma ruta. Claro,
estos pensamientos pasaron por mi cabeza en 10 segundos y fueron interrumpidos
cuando esta persona se me lanzó, me agarró por atrás, me tapó la boca y me
aventó contra un carro. Primera lección aprendida: nunca confíes en las
primeras apariencias.
Todo pasó tan rápido
que no tuve ni tiempo de reaccionar. Recuerdo ver a mis alrededores: todo
estaba oscuro, estábamos solo nosotros dos en la calle y me tenía detenida
contra un carro prohibiéndome gritar o hacer algún tipo de movimiento. La
situación en mi cabeza apuntaba solamente a una cosa: iba a ser violada.
Para mi sorpresa, escucho que esta persona me habla
directo al oído con una voz repugnante y me dice: “Mamacita, yo me voy a llevar
tu celular.” Les voy a ser honestos, desde este momento casi no recuerdo nada
más que el hecho de que mi cuerpo se empezó a consumir por una furia que nunca
antes había sentido. No puedo explicar
lo enojada que me sentía; era tal grado que en me sorprendí a mi misma de las emociones
tan fuertes que empecé a percibir. No tengo idea de qué hice, solo sé que de la
nada tomé conciencia de que me estaba defendiendo. Sin embargo, en mi cabeza
nunca estuvo la idea de que me debía defender; en mi cabeza no existía nada más
que enojo. No hubo tiempo para la lógica.
Segundos después me
encontraba frente a frente con mi asaltante. Nos quedamos parados, viéndonos
fijamente a los ojos durante los segundos más largos de mi vida. Mi furia había
aumentado aún más; no sé ni cómo tuve el valor de pararme firmemente frente a
él y verlo directamente a los ojos. En ese momento estaba retando a mi
asaltante, retándolo a que me atacara.
Y ahora fue él el que
se quedó en shock, fue él el que se quedó congelado, fue él el que no se pudo
defender. Fue ahí cuando recobré la conciencia. Pensé: estoy detrás del cine,
son las 8:30 de la noche, estoy segura que hay gente a metros de distancia que
me puede escuchar. Y con todas las fuerzas que tuve, aún viéndolo directamente
a los ojos, grité como nunca he gritado. Mientras gritaba sentía como si fuera
otra persona quien estaba en mi cuerpo peleando por su vida y defendiéndose sin
importar las consecuencias.
Creo que el grito
que produje alimentó mi enojo aún más
porque en ese momento ya no sentí miedo,
no sentí pánico, no sentí desesperación, solamente furia en su estado
más puro. Me convertí en alguien más, alguien que no sabía que existía en mi
interior, alguien fuerte y valiente que no iba a permitir que un idiota me
dejara traumada por el resto de mi vida solo porque le parecí presa fácil.
Al terminar de gritar, fui yo quien atacó a mi
asaltante. Fui yo quien tomó el impulso
y se aventó contra él. Fue él quién corrió, no yo. Fue él quien se intimidó, no
yo. Fue él quien escapo, yo no. Y fue él quién fue derrotado, no yo.
Al encontrarme de
nuevo, sola, en medio de una calle oscura, me di cuenta que había un pickup con
dos hombres adultos saliendo del estacionamiento del cine viendo todo, viendo
cómo me atacaron, viendo cómo me defendí y viendo cómo mi asaltante escapó.
Viendo fijamente, como si fuera otra película como la que acababan de ver, como
si no tuvieran la obligación de ayudarme. Creo que esto fue lo que más me
decepcionó, me decepcionó todavía más que la persona que se quiso aprovechar de
mí solamente porque se le hizo sencillo.
Claro, así como no
sabes cómo vas a reaccionar cuando te asaltan, tampoco puedes saber cómo vas a
reaccionar cuando eres el testigo de tal ataque. No los culpo; yo tampoco sé
qué hubiera hecho. Sin embargo, en ese
momento en verdad necesitaba ayuda. ¿Qué
si mi asaltante hubiera traído un cuchillo o una pistola? Tuve suerte que no
fue un desgraciado a quien no le hubiera afectado matar a alguien a sangre fría
solo por sacarle dinero, que no fue alguien que hubiera de paso abusado de mí
sexualmente. Tuve demasiada suerte de que pude salir de eso sola.
Pero si no hubiera sido
así, tal vez hubiera perdido mi vida, y
estoy casi segura que los dos hombres del carro se hubieran quedado pasmados
viendo, tal como lo hicieron cuando me atacaron, sin tener la valentía de hacer
algo por un ser humano en peligro. Segunda lección aprendida: las personas no
siempre van a actuar de la forma en la que esperamos.
Es en estos actos donde la crueldad del ser
humano es reflejada; es con estos actos que uno pierde la fe en la humanidad.
Sin embargo, no por estas personas voy a dejar que mi vida se detenga. No por
esta personas voy a salir todos los días de mi casa con miedo. No por estas
personas voy a dejar de confiar en los que me rodean. No por estas personas me
voy a dar por vencida en la humanidad. ¿Por qué? Porque gracias a estas
personas me pude dar cuenta que derrotarme no es tan fácil como ellos pensaron
y que si alguien me quiere destruir, va a tener que llegar a los extremos para
hacerlo. Porque sé que voy a poder contar conmigo misma incluso en las
situaciones en las que peligre mi vida. Porque gracias a estas personas,
aprendí la lección más importante de todas: creer en mí misma.
