lunes, 26 de enero de 2015

Solía ponerme a pensar seguido en cómo reaccionaría si un día estuviera caminando en la calle y alguien me tomara por desprevenida y me intentara asaltar. Pensaba en las diferentes historias que había oído alguna vez y en la forma en la que habían manejado ese tipo de situación; algunos me contaron que se quedaron en un completo estado de shock , otros que salieron corriendo, otros que se defendieron de su asaltante.

Tantas reacciones me hacían imaginar que estaba en los zapatos de estas personas valientes; me veía corriendo, defendiéndome, quedándome congelada. Sin embargo, creo que nunca pude definir en verdad la forma en la que reaccionaría en caso de verme enfrentada con un asaltante, porque como todos dicen, nunca sabes como vas a reaccionar en ese momento. 

Para todas las personas que se suelen hacer este tipo de preguntas de forma frecuente, les quiero decir lo afortunados que son por estar del lado de los que preguntan y no del lado de los que salieron de ello  y ahora continúan contándoselas a sus familiares y conocidos. Desafortunadamente,  me encuentro en este instante escribiendo esto con el fin de contar mi experiencia, y si es posible, lograr dejarlo en el pasado.

En fin, el 23 de enero de 2015 me asaltaron. Todo pasó demasiado rápido; iba caminando por la calle, detrás del cine,  cuando sentí a alguien que venía detrás de mí. Volteo, veo a un chavo de mi edad , aproximadamente, caminando detrás de mí. Venía bien vestido; chamarra de cuero, camisa blanca de vestir, peinado, como si fuera en camino a una fiesta.

En ese momento no pensé nada malo. Venía a una distancia razonablemente alejada de mí; y yo muy inocentemente pensé que simplemente íbamos caminando por la misma ruta. Claro, estos pensamientos pasaron por mi cabeza en 10 segundos y fueron interrumpidos cuando esta persona se me lanzó, me agarró por atrás, me tapó la boca y me aventó contra un carro. Primera lección aprendida: nunca confíes en las primeras apariencias.

Todo pasó tan rápido que no tuve ni tiempo de reaccionar. Recuerdo ver a mis alrededores: todo estaba oscuro, estábamos solo nosotros dos en la calle y me tenía detenida contra un carro prohibiéndome gritar o hacer algún tipo de movimiento. La situación en mi cabeza apuntaba solamente a una cosa: iba a ser violada.  

Para mi sorpresa, escucho que esta persona me habla directo al oído con una voz repugnante y me dice: “Mamacita, yo me voy a llevar tu celular.” Les voy a ser honestos, desde este momento casi no recuerdo nada más que el hecho de que mi cuerpo se empezó a consumir por una furia que nunca antes había sentido.  No puedo explicar lo enojada que me sentía; era tal grado que en me sorprendí a mi misma de las emociones tan fuertes que empecé a percibir. No tengo idea de qué hice, solo sé que de la nada tomé conciencia de que me estaba defendiendo. Sin embargo, en mi cabeza nunca estuvo la idea de que me debía defender; en mi cabeza no existía nada más que enojo. No hubo tiempo para la lógica. 

Segundos después me encontraba frente a frente con mi asaltante. Nos quedamos parados, viéndonos fijamente a los ojos durante los segundos más largos de mi vida. Mi furia había aumentado aún más; no sé ni cómo tuve el valor de pararme firmemente frente a él y verlo directamente a los ojos. En ese momento estaba retando a mi asaltante, retándolo a que me atacara.

Y ahora fue él el que se quedó en shock, fue él el que se quedó congelado, fue él el que no se pudo defender. Fue ahí cuando recobré la conciencia. Pensé: estoy detrás del cine, son las 8:30 de la noche, estoy segura que hay gente a metros de distancia que me puede escuchar. Y con todas las fuerzas que tuve, aún viéndolo directamente a los ojos, grité como nunca he gritado. Mientras gritaba sentía como si fuera otra persona quien estaba en mi cuerpo peleando por su vida y defendiéndose sin importar las consecuencias.

Creo que el grito que  produje alimentó mi enojo aún más porque en ese momento ya no sentí miedo,  no sentí pánico, no sentí desesperación, solamente furia en su estado más puro. Me convertí en alguien más, alguien que no sabía que existía en mi interior, alguien fuerte y valiente que no iba a permitir que un idiota me dejara traumada por el resto de mi vida solo porque le parecí presa fácil.
 Al terminar de gritar, fui yo quien atacó a mi asaltante. Fui  yo quien tomó el impulso y se aventó contra él. Fue él quién corrió, no yo. Fue él quien se intimidó, no yo. Fue él quien escapo, yo no. Y fue él quién fue derrotado, no yo.

Al encontrarme de nuevo, sola, en medio de una calle oscura, me di cuenta que había un pickup con dos hombres adultos saliendo del estacionamiento del cine viendo todo, viendo cómo me atacaron, viendo cómo me defendí y viendo cómo mi asaltante escapó. Viendo fijamente, como si fuera otra película como la que acababan de ver, como si no tuvieran la obligación de ayudarme. Creo que esto fue lo que más me decepcionó, me decepcionó todavía más que la persona que se quiso aprovechar de mí solamente porque se le hizo sencillo.

Claro, así como no sabes cómo vas a reaccionar cuando te asaltan, tampoco puedes saber cómo vas a reaccionar cuando eres el testigo de tal ataque. No los culpo; yo tampoco sé qué hubiera hecho. Sin embargo,  en ese momento en verdad necesitaba ayuda.  ¿Qué si mi asaltante hubiera traído un cuchillo o una pistola? Tuve suerte que no fue un desgraciado a quien no le hubiera afectado matar a alguien a sangre fría solo por sacarle dinero, que no fue alguien que hubiera de paso abusado de mí sexualmente. Tuve demasiada suerte de que pude salir de eso sola.

Pero si no hubiera sido así,  tal vez hubiera perdido mi vida, y estoy casi segura que los dos hombres del carro se hubieran quedado pasmados viendo, tal como lo hicieron cuando me atacaron, sin tener la valentía de hacer algo por un ser humano en peligro.  Segunda lección aprendida: las personas no siempre van a actuar de la forma en la que esperamos.

 Es en estos actos donde la crueldad del ser humano es reflejada; es con estos actos que uno pierde la fe en la humanidad. Sin embargo, no por estas personas voy a dejar que mi vida se detenga. No por esta personas voy a salir todos los días de mi casa con miedo. No por estas personas voy a dejar de confiar en los que me rodean. No por estas personas me voy a dar por vencida en la humanidad. ¿Por qué? Porque gracias a estas personas me pude dar cuenta que derrotarme no es tan fácil como ellos pensaron y que si alguien me quiere destruir, va a tener que llegar a los extremos para hacerlo. Porque sé que voy a poder contar conmigo misma incluso en las situaciones en las que peligre mi vida. Porque gracias a estas personas, aprendí la lección más importante de todas: creer en mí misma.



                                                                                                      
 
© 2012. Design by Main-Blogger - Blogger Template and Blogging Stuff