Creo que una de las cosas más difíciles es aceptar que debemos dejar ir a esa persona a la que tanto nos hemos aferrado. Nos volvemos expertos en el arte del autoengaño cuando se trata de él o ella. Y es probable que estén pensando en alguien en específico mientras están leyendo esto. Lo que solemos hacer es justificar sus acciones, perdonarlos todas las veces que nos lastiman o nos hacen sentir mal de nosotros mismos, las cuales son muy frecuentes. Muchas veces nos hacemos la idea de que somos nosotros los que vamos a cambiar a esa persona, o que esa persona nos necesita y que es por eso que debemos aguantar todo el sufrimiento. Nos convertimos en pseudo superhéroes que no salvan a nadie, sino que hacen todo lo contrario.
¿De quién estoy hablando? Esta persona puede estar involucrada con nosotros ya sea de forma romántica, puede ser un amigo o amiga cercana e incluso algún miembro de nuestra familia. No importa el tipo de relación que tengamos con él o ella, es importante aceptar que mutuamente se está fomentando el desarrollo de una relación tóxica. ¿Entonces por qué es que nos vemos tan influenciados por estos individuos?
Porque es una persona con la que nos sentimos diferentes; únicos. Creemos que es la sola persona que es capaz de entendernos tal y como somos. Nos hacemos la idea de que es el destino que nos hayamos encontrado con alguien tan especial y que es por esto debemos tolerarlo todo, pues no podemos darnos el lujo de perder tal oportunidad de tenerlo a nuestro lado.
Sin embargo, lo que no vemos es lo duro que es mantener una relación así sin ser vaciados de nuestra esencia. Debajo de todos los engaños y las mentiras que nos hacemos, sabemos que esta persona nos hace gran daño. Pero nos cuesta gran trabajo aceptarlo, por lo que nos mentimos una y otra vez hasta el punto en que olvidamos la verdad. Dejamos que esa persona nos trate como quiera, nos hable como quiera, y lo peor de todo, nos lastime como quiera.
Y es esta contradicción tan grande entre el sentimiento tan único que nos genera acompañado de esa sensación terrible de dependencia la que lo vuelve tan adictivo. Estamos seguros que nunca encontraremos una persona parecida y que es por esto que, no importa el sufrimiento, no podemos alejarnos. Pero lo que no pensamos es que la razón por la que logran tener tanto control sobre nuestra persona, sobre cómo nos sentimos y cómo actuamos, es precisamente porque nos conocen casi mejor que nosotros mismos. Sino, ¿cómo más lo harían? Somos nosotros mismos los que generamos esta dependencia. Le damos tanta importancia a lo que tal individuo piensa de nosotros que sin darnos cuenta, poco a poco, existimos para complacerlos.
Y no intento pintar a estas personas como monstruos que destruyen la vida de los demás. Por su puesto que no. Muy en el fondo, están lastimadas, y el tratarnos así, el usarnos de esa forma, es simplemente una manera de escapar, y al mismo tiempo, lidiar con su dolor. Nos reclaman por no entregarles suficiente porque dentro de ellos solo hay un vacío infinito. Estas personas son como una droga. Y en el momento en que decidimos alejarnos, si es que lo hacemos, la necesidad de tenerlos cerca es como ninguna otra. En esos momentos de soledad, la vida parece terrible y los días parecen no tener sentido alguno. Sin embargo, después de algunas semanas nos damos cuenta de que ya no nos sentimos sofocados. Y pasa más tiempo, y la culpa se va y esa terrible necesidad empieza a disminuir. Pasan meses, y nos damos cuenta que la vida sí es posible sin él o sin ella.
Yo sé que probablemente están pensando que no es tan fácil, que ambos han pasado por demasiado para dejarlo de forma tan drástica, o que serían personas terribles por hacer eso porque los necesitan. Es duro, claro que lo es. Y lo será por mucho tiempo. Probablemente recaigan en el momento en que esa persona pida verlos, o les mienta al decirles que todo va a cambiar. Pero con el tiempo se darán cuenta de que el ciclo se repite una y otra vez.
Las personas pueden cambiar, pero nosotros no podemos hacerlos cambiar. Y una vez que entendamos esto tendremos la suficiente fortaleza de decir que nosotros somos más importantes, y que el estar con personas que no nos hagan hacernos sentir así es una señal de que estamos haciendo algo mal. Y aunque logren esto, aún se preguntarán que estará haciendo, si alguna vez piensa en ustedes o si alguna vez lo podrán intentar de nuevo. Pero les prometo que no pasará de ahí, pues descubrirán que el vivir sin ese tipo de negatividad es una de las sensaciones más gratificantes. La vida va a seguir. Aprenderán a rodearse de las personas que sacan lo mejor de ustedes y que los motivan a siempre ser mejor.
No dejen que se pierda su identidad por intentar a salvar a otros. No es su obligación. Abran los ojos y dejen de engañarse. Tengan el valor de ponerse siempre primero, porque en esta vida, es lo más importante. Recuerden, como dijo el autor, John Greene, no puedes escoger si serás lastimado en este mundo, pero si puedes decidir quién te lastima.

