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viernes, 24 de junio de 2016



“Sin agua, nada somos. Hasta un emperador, privado de agua, se vería pronto reducido a polvo. El agua es el auténtico monarca y todos somos sus esclavos.”
Salman Rushdie



El agua es fundamental para la supervivencia del hombre y el desarrollo de su especie. Un ser humano promedio necesita consumir entre 50 y 100 litros de agua al día para satisfacer necesidades humanas, como es el aseo, la limpieza, la higiene y el consumo. Sin embargo, de las 6 mil millones de personas que viven actualmente en el planeta, según la OMS y UNICEF, 884 millones carecen de un acceso seguro a agua potable y 2,600 millones no tienen los medios para acceder al saneamiento básico. El agua es un derecho humano, y fue reconocido como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2010, la cual desde entonces ha incitado a los estados y organizaciones internacionales a proporcionar los recursos financieros, la  capacitación y tecnología necesaria para que todos los países sean capaces de proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos (ONU-DAES, 2014). Esto lleva a la siguiente pregunta: Si el agua es un derecho inherente al ser humano, por qué existe una industria que se dedica a la venta de esta?
Se tiene una percepción de parte de los consumidores de que el agua embotellada tiene un mejor sabor que el agua de la llave, y que por lo tanto es de mejor calidad. También está la preocupación de que el agua de grifo es sucia, que es nociva para la salud y que el tomarla dentro de un envase es la alternativa más segura. Estas mentalidades se pueden observar especialmente en países industrializados que temen de la contaminación fecal o de tomar agua que corrió previamente en tuberías oxidadas. Por otro lado, estas ideas son reforzadas por empresas multinacionales que han invertido millones en estrategias de mercadotecnia para hacer a la sociedad pensar que el agua de la llave es mala, que está compuesta de niveles altos de contaminantes y que conlleva un peligro para la salud. Este tipo de publicidad busca hacer énfasis en la calidad y en el nivel de pureza del agua que está en la botella, vendiéndole al mercado la percepción de que el agua vendida en esta presentación es la mejor que se podría consumir (Olson, 1999).
Solamente en el 2012, consumidores estadounidenses gastaron 11.8 billones de dólares en agua embotellada, consumiendo un promedio de 140 litros por cabeza (Jewell, 2014). Según la Beverage Marketing Corporation, en el 2014, México fue el país con mayor consumo por persona de agua embotellada y se calculó que cada mexicano tomaba alrededor de 264 litros de agua envasada al año. El segundo mayor consumidor de agua fue Tailandia, con 246 litros anuales por persona,  seguido por Italia, con 196 litros anuales per cápita (Sánchez, 2016). El consumo de agua embotellada y el crecimiento de esta industria se ha vuelto exponencial. Según los activistas canadienses, Maude Barlow y Tony Clarke, en la década de los 70 el volumen anual de agua embotellada que se comercializaba en todo el mundo no superaba los mil millones de litros, mientras que en la siguiente década el consumo se duplicó. En el 2000, las ventas anuales aumentaron a más de 84.000 millones de litros y los pronósticos del portal Statista indican que en 2017 se consumirán aproximadamente 391.000 millones de litros de agua.

La calidad del agua embotellada es generalmente buena, pero así como el agua de la llave, puede contener microbios y partículas contaminantes. El agua, no importa de dónde venga, siempre va a contener una cierta cantidad de minerales y elementos naturales que son esenciales para la constitución del cuerpo humano. Por ejemplo, el sulfato es importante para la digestión y el calcio es esencial en la formación de los dientes y los huesos. Entonces, es imposible comprar agua totalmente pura, por lo que las aseveraciones que hacen empresas como Danone, Bonafont y Ciel, son meramente palabras que buscan reafirmar convicciones previas del consumidor.
El agua puede ser clasificada en tres categorías: agua mineral natural, agua de manantial y agua purificada. Tanto el agua mineral natural como el agua de manantial se caracteriza por sus niveles constantes de minerales y no puede ser tratada de ninguna manera. Por otro lado, el agua purificada sí puede ser tratada. Este tipo de agua se toma de lagos, ríos y manantiales que han sido procesados con algún tipo de tratamiento para el consumo humano. La única diferencia entre esto y el agua de la llave es la forma en la que es distribuida (en botellas en vez de a través de tuberías) y el precio. Estas empresas no buscan informar al consumidor sobre dónde viene el agua ni los elementos naturales que contiene, sino hacen todo lo contrario: presentar la botella con imágenes  y palabras que hagan referencia a lagos y montañas para hacer a los consumidores creer que de ahí es donde viene el producto que van a ingerir (Ferrier, 2001).

En el 2006, Fiji, la marca de agua reconocida mundialmente por su pureza y origen único, lanzó la campaña: “La etiqueta dice Fiji porque no es embotellada en Cleveland”. Las autoridades de Cleveland se molestaron y se dieron a la tarea de hacer un análisis comparativo del agua de grifo local y el agua embotellada de la marca. Los resultados fueron impresionantes; el agua embotellada estaba compuesta de 6.3 microgramos de arsénico por litro, mientras que el agua de grifo de la ciudad tenía una presencia nula de este elemento, demostrando que el agua de Fiji, aparte de ser más cara, era levemente más tóxica que el agua de la llave. Fiji, aparte de terminar la campaña, posteriormente reforzó sus políticas para reducir los contaminantes en su producto ante el marcado y drástico descenso de sus ventas.

Investigadores de la Universidad de Sevilla y del Centro Nacional de Aceleradores realizaron un análisis de 32 marcas de agua mineral y llegaron a la conclusión que las concentraciones de polonio radiactivo en algunas muestras superaban en más de 100 veces al encontrado en el agua del grifo (Sánchez, 2016). El que el agua comercializada puedan llegar a estar más contaminada que el agua de la llave se debe a las regulaciones y requerimientos presentados ante cada uno de estas diferentes categorías. No existe requerimiento alguno de desinfección o filtración que los embotelladores tienen que cumplir. Aparte de esto, las empresas deciden omitir información valiosa sobre el origen del agua, obligando a los consumidores a depender enteramente en sus falsas promesas. Por otro lado, el agua de la llave tiene regulaciones mucho más estrictas que exigen demostrar el contenido de las partículas y minerales que esta tiene.
A pesar de que el agua de la llave es de excelente calidad, se sigue consumiendo a cantidades exuberantes el agua embotellada. Según Weathers (2015), en julio del 2012, The Drinking Water Inspectorate publicó muestras de 1.9 millón de pruebas realizadas en Inglaterra y Gales que demostraron 99.96% de cumplimiento con estándares legales. En Estados Unidos, el 92% del agua de la llave cumple con los estándares federales, volviéndola una de las aguas más limpias y seguras de todo el mundo. Sin embargo, los estadounidenses continúan consumiéndola con más frecuencia de la que consumen leche y cerveza (Jewell, 2014).


Lo que es aún más controversial es que se está consumiendo un producto al que se debería de tener libre acceso. Se paga no por el agua, sino por el envase, el transporte y los sueldos de los mercadólogos y empresarios. Las botellas de agua llegan a ser 500 a 1000 veces más caras que el agua de la llave, la cual no tiene precio alguno (Ferrier, 2001). Y es importante enfatizar que las consecuencias más graves no son económicas, sino ecológicas. El movimiento “BeCause Water” declaró que casi 3 millones de toneladas de plástico se utilizan para producir agua embotellada alrededor del mundo, y el 80% termina en basureros. En la actualidad, el océano pacífico ahora tiene un área dos veces el tamaño de Texas conocida como “The Great Pacific Garbage Patch” y compuesta enteramente por depósitos de plástico.
Hay múltiples soluciones ante este problema tan controversial. La primera, y la más importante, es informar a la población sobre sus derechos y sobre la influencia que ha tenido la industria embotelladora sobre la percepción general que se tiene sobre el agua de la llave. Es importante que las personas estén conscientes de lo que es suyo y que no se dejen llevar por campañas publicitarias que adornan un producto con el fin de aumentar ganancias. El agua saludable, es decir, libre de microorganismos, sustancias químicas y peligros radiológicos que constituyan una amenaza para la salud humana, es un derecho que debe de ser respetado y no tergiversado con fines económicos.
La segunda es crear leyes que regulen los procesos de tratamiento de las embotelladoras y que exijan la publicación de información relevante en la etiqueta de la botella, como por ejemplo, el tipo de agua, su composición mineral, la ubicación de su origen y los tratamientos a los que estuvo expuesta (Ferrier, 2001). La tercera solución va enfocada al impacto global que tiene la industria en el planeta, y consiste en acciones sencillas como la reutilización de las botellas en vez de su remanufacturación. La constante reproducción de botellas de plástico está dañando las fuentes de agua que son verdaderamente naturales, y todo a causa de la ambición de una industria que abusa de la ignorancia de la población y que la manipula a su beneficio.
Es la responsabilidad tanto de organismos gubernamentales así como de los empresarios el tomar esta información en cuenta para brindarle a los ciudadanos lo que les pertenece. Aproximadamente, un billón de personas sufren de falta de agua, tres billones de personas carecen de servicios sanitarios y el 80% de las enfermedades infecciosas se transmiten a través del agua, matando a millones de niños cada año (UNICEF, 2015). Se debe alzar la voz y tomar acción para ponerle un alto a estas prácticas injustas que en vez de beneficiar, solamente contribuyen al deterioro de la humanidad y del planeta en la que esta vive. Cuidar el agua es la responsabilidad de todos los individuos, y asegurarse de que todos tengan acceso a esta es una obligación. Está en cada uno de nosotros decidir si vamos a pelear por lo que es nuestro o dejar que grupos corporativos continúen pisoteando nuestros derechos. Así que, ¿qué están esperando?




Referencias
(2014). El derecho humano al agua y al saneamiento. Departamento de asuntos económicos y sociales de Naciones Unidas. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/human_right_to_water.shtml
El derecho humano al agua. Programa de ONU-Agua para la Promoción y la Comunicación en el marco del Decenio (UNW-DPAC). Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/pdf/facts_and_figures_human_right_to_water_spa.pdf
Ferrier, C. (2001). Bottled Water: Understanding a social phenomenon. WWF GLOBAL. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://wwf.panda.org/wwf_news/?3646/Bottled-Water-Understanding-A-Social-Phenomenon
Jewell, J.(2014). Bottled water is the marketing trick of the century. The Week. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://theweek.com/articles/447517/bottled-water-marketing-trick-century
Olson, E. (1999): “Bottled water: pure drink or pure hype?”, Natural Resource Defense Council (NRDC)
Sánchez, Y. (2016). Agua embotellada: el fraude del siglo. Regeneración. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://regeneracion.mx/agua-embotellada-el-fraude-del-siglo/
UNICEF (2015). Día Mundial del Agua: 1.000 niños mueren cada día por la falta de agua potable. UNICEF. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/dia-mundial-del-agua-1000-ninos-mueren-cada-dia-causa-de
Weathers, C. (2015). Bottled water is a scam: PepsiCo, Coca-Cola and the beverage industry’s greatest con. Salon. Recuperado el 23 de junio de 2016 de: http://www.salon.com/2015/03/14/bottled_water_is_a_scam_pepsico_coca_cola_and_the_beverage_industrys_greatest_con_partner/

viernes, 10 de junio de 2016


“Y entonces, habiendo sido privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, nos quedarán “los medios de comunicación”. Ernesto Sábato

En la actualidad, los medios de comunicación masiva forman una parte tan importante en la vida del ser humano que se les puede considerar como un “cuarto poder”. Es tal la influencia que tienen que han llegado a definir la forma en la que uno habla, se viste y actúa, o en otras palabras, han establecido las corrientes culturales y estilos de vida que adoptan las sociedades. Este fenómeno, en gran parte, se debe al crecimiento exponencial de las tecnologías de la información y a la evolución de la comunicación, la cual ha permitido al ser humano a conectarse a nivel global de forma inmediata. El humano promedio de este siglo tiene un smartphone, u otro dispositivo electrónico, en el cual siempre está conectado, compartiendo ideas, fotografías, navegando en la web e interactuando con otros usuarios.


Por otro lado, con el desarrollo del internet, y específicamente, las redes sociales, las personas son capaces de expresar sus opiniones y ser escuchados alrededor de todo el mundo sin límite alguno. Esta forma de interacción, conocida como los nuevos medios, ha llegado a sustituir a los los medios tradicionales, creando nuevas oportunidades de libertad de expresión y de información. Sin embargo, a pesar de que el acceso a la información es ilimitado y las posibilidades de conectividad son infinitas, es importante analizar de dónde viene todo el contenido que recibimos diariamente.
Es sumamente común que algún grupo perteneciente a la clase dominante de una población esté detrás de la creación de contenido que difunden los medios, por lo que estas personas, debido a su postura económica y social, difunden su propia ideología con el objetivo de satisfacer sus intereses propios (Langman, 2015). La mayoría de las empresas pertenecientes al sector mediático, pertenecen a grupos empresariales o industriales que son parte de la clase dominante que define la dirección del contenido masivo. Según Marx y Engels (citados en Murdock y Golding, 1981) la clase que dispone de los medios de producción material controla al mismo tiempo los medios de producción mental. Por lo tanto, la concentración de poder se divide entre solo unos cuantos. Tomemos como ejemplo el siguiente caso: en 1982, en Estados Unidos, 50 corporaciones controlaban la mayoría de las organizaciones de medios, ocho años después, esa cantidad se redujo a 23, y en el 2000, el número bajó a 6 corporaciones que poseían y determinaban el contenido de la gran mayoría de periódicos, estaciones de televisión, radiodifusoras, estudios cinematográficos y compañías editoriales (Bagdikian, 1982).  


En comunicación, este fenómeno es descrito por la teoría de la hegemonía, desarrollada por Antonio Gramsci en los años 20 y 30. Mediante el apoyo de los medios y de la publicidad, se transmiten mensajes como: quien más consume, es mejor y vale más, o quien tiene el mejor carro del año, o el teléfono más caro y más reciente, es superior a los demás. Esta misma perspectiva evita que las personas reflexionen, y por lo tanto, provoca que aceptan el mensaje sin algún tipo de cuestionamiento. Sin embargo, Gramsci debatió este argumento al agregar otra dimensión al concepto de hegemonía: la dominación por consenso. Puede sonar ilógico que las personas están de acuerdo con el hecho de estar siendo manipuladas, sin embargo, es un fenómeno que se puede observar de forma constante.
Por ejemplo, en la actualidad, las feministas han peleado contra las ideas hegemónicas de que la mujer es inferior, buscando la equidad de género y el respeto hacia la figura femenina. Sin embargo, la dominación en consenso se aplica en el siguiente ejemplo:  “X” mujer, llamada María es feminista María predica con vigor las ideas del movimiento y  alza la voz en situaciones en las que considera que se le discrimina por su género. Sin embargo, al salir a una cita con un joven, María espera y deja que él pague la cuenta. Entonces, María es feminista, hasta que se le es invitada su cena.
El poder de la cultura hegemónica reside en su invisibilidad.  Según la UNESCO, la cultura puede considerarse como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. La cultura está arraigada en lo que nos gusta, en la manera en la que comemos, en la manera en la que interactuamos, en cómo nos vestimos, etc.  En otras palabras, engloba toda acción y comportamiento del ser humano, por lo que no se siente impuesto el aspecto hegemónico. El objetivo principal de los grupos que controlan los medios es hacer creer a las personas que para ser felices deben priorizar la aspiración de ser parte del grupo privilegiado al que estos pertenecen. Los medios comerciales no buscan la producción de mensajes con contenidos culturales y sociales sino que se concentran en los que son mucho más atractivos para un público, aún cuando sean sensacionalistas, superfluos, o incluso nocivos (Rendón, 2007).


La telenovela es un ejemplo muy claro de este fenómeno. En este tipo de producciones,  se narra la típica historia de una empleada doméstica con pocos recursos que se enamora de un millonario que la salva de su vida miserable para luego vivir felices por siempre. Contenidos de este tipo forman un papel importante en el momento en que se moldean los ideales de identidad social, pues le presenta al espectador o al consumidor el concepto de una vida ideal, impactando directamente en sus emociones y en sus deseos, lo que posteriormente influirá en las decisiones que este tome.
La publicidad, por otra parte, es igual de importante para transmitir mensajes específicos que tendrán gran impacto en las acciones de quienes los reciben. Para lograr esto, se investiga cuáles son las necesidades de un grupo de personas para luego reflejarlas a través de mensajes codificados que provocarán que los receptores se sientan identificados con una idea o un producto. Los anunciantes, a través de los medios, buscan crear diversidad en el contenido que ofrecen con el fin de atraer diversos públicos, haciendo a las personas creer que tienen libertad cuando escogen qué es lo que consumen, ofuscando la realidad de que están actuando precisamente como se espera que actúen.
Un claro ejemplo de una publicidad efectiva es la campaña reciente de Coca-Cola “Comparte una Coca Cola”, lanzada en julio del 2014, la cual consistió en vender la lata con nombres personalizados. Dicha campaña generó identidad hacia la marca, y a su vez, incrementó la conexión entre la empresa y sus consumidores. Según Graciela Saldaña Hernández, aca­démica del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Ibe­roamericana, “la respuesta tiene que ver mucho con el sentimiento de propie­dad de las sociedades en las que vivimos, estamos muy relacionados con éste. Y ahí se rompe la idea de ‘no importa que sea lo mismo, pero es mío y es diseñado para mí. Eso lo toma el inconsciente”.


Otra de las técnicas de los medios de comunicación masivos es utilizar a líderes de opinión como una estrategia sumamente efectiva para la transmisión de mensajes.  Un líder de opinión es aquella persona que habitualmente da su opinión con respecto a los temas de interés en la opinión pública (Engelman, 2012). Esta figura puede ser una celebridad, una figura pública o líder social. Sin embargo, quienes reciben tal información absorben los mensajes sin llevar a cabo algún tipo de reflexión, pues admiran a esta persona y aspiran a verse y actuar como ella. Lo que no se toma en cuenta es que la mayoría de las veces, ellos fueron contratados por los creadores de contenidos y son pagados por transmitir un producto con el objetivo de que sea consumido, recayendo en el ciclo de control hegemónico. Entonces, al final de cuentas, no importa qué tan únicos creamos que somos al elegir ciertos estilos de vida o tendencias, siempre vamos a ser una ganancia o una pérdida ante los ojos de estas empresas cuya sostenibilidad depende del consumo de la cultura masiva.

Las personas dependen de los medios para entender a los demás y desarrollar creencias propias y los consumen para que estos les proporcionen contenidos que estimulen su diversión (Katz, Hass y Gurevitch, 1973). Sin embargo, es importante mencionar que esta dependencia incrementa cuando la audiencia se cuestiona sus ideales y creencias, cuando ocurre un cambio social fuerte, o algún otro conflicto que los obligue a tomar decisiones (De Fleur, y Ball-Rokeach, 1983). Es en estos casos cuando se recurre a los medios para obtener información y consejos sobre qué dirección tomar. Si un día dejarán de existir los medios de comunicación masiva, la sociedad se vería consumida por el caos, pues estos conforman la base de la comunicación actual y es a través de estos que nos mantenemos informados sobre lo que ocurre alrededor del mundo. Desafortunadamente, quienes tienen el control sobre estos, lo usan a su beneficio para crear ganancias y mantener a la población bajo una misma línea de pensamiento.
Es importante reconocer que  ha habido un increíble avance tecnológico y promoción de plataformas interactivas, lo que ha causado que las clases dominantes no tengan el mismo poder que antes. La participación ha cesado de ser controlada y ahora es más activa que nunca, permitiendo que sean las audiencias mismas que sean las que produzcan el contenido, transformando a los medios tradicionales en nuevos medios (Jenkins, 2008).  Sin embargo, Herbert Marcuse hace el siguiente cuestionamiento: ¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento?


Referencias
Aracyl, E. (2014) ¿Cómo hizo Coca-Cola para reinar en la mercadotecnia? Forbes. Recuperado el 10 de junio de 2016 de: http://www.forbes.com.mx/como-hizo-coca-cola-para-reinar-en-la-mercadotecnia/
Bagdikian (1982). The Media Monopoly. United States: Beacon Press;
De Fleur, M. y Ball-Rokeach S. (1993). Teoría de la comunicación de masas. Paídos Ibérica.
Engelman (2012). Líderes. Portal de relaciones públicas. Recuperado el 10 de junio de 2016 de: http://www.rrppnet.com.ar/lideres.htm
Golding, P., &  Murdock, G. (1991) Culture, Communications and Political Economy. Edward Arnold: London, pp.15-32
Gramsci,  A.           (1971)  Selections  from  The  Prison  Notebooks  of Antonio  Gramsci.    NY: International Publisher
Jenkins, H. (2006). Convergence Culture: Where Old and New Media Collide. United States: NYU Press.
Katz, E., Haas, H., y Gurevitch, M. (1973). On the Use of the Mass Media for Important Things. American Sociological Review, 38(2), 164–181. Retrieved from
Langman, L. (2015). An Overview: Hegemony, Ideology and the Reproduction of Domination. Critical Sociology, 41(3), 425-432. Retrieved March 16, 2016, from: http://0- crs.sagepub.com.millenium.itesm.mx/content/41/3/425.full.pdf+html
Rendón J. (2007). Teoría e investigación de la comunicación de masas. Pearson Education.

Unesco. Líneas generales de cultura. Recuperado el 10 de junio de 2016 de: http://www.unesco.org/new/es/mexico/work-areas/culture/

 
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