Cada segundo, un ser humano en el mundo intenta cometer suicidio. Cada 40 segundos, uno de ellos lo logra.
Según la “Organización Mundial de la Salud”, cada
año se suicidan casi un millón de personas. A pesar de estas estadísticas tan
drásticas, la prevención del suicidio es una necesidad que no se ha abordado a
falta de conciencia sobre la importancia de este problema y debido al tabú tan
fuerte alrededor de este que provoca que no se hable abiertamente sobre el
tema.
La
percepción que la sociedad tiene del suicidio ha evolucionado con el tiempo. En
la antigua Grecia, el suicidio era visto como un acto de honor; como una
expresión de arte a su máximo nivel. En China, también se consideraba un acto
de honor y lealtad. En Japón, se realizaba esta acción a través de una
ceremonial, motivada por una expiación o derrota. No fue hasta los tiempos de
la Edad Media que surgió una mentalidad que rompió con las ideas anteriores y
convirtió al suicidio en tabú, provocando la prohibición absoluta de este.
Hasta hace aproximadamente 40 años, los católicos que cometían suicidio no
tenían el derecho a ser enterrados en un cementerio, pues la Iglesia creía que
el hombre no podía cambiar un destino que estaba solo en las manos de su dios.
En la
actualidad, el concepto de suicidio ya no está ligado con la concepción de un
crimen o pecado, sino que ha sido estudiado desde un punto de vista médico y
social, resultando en el producto de un síntoma o enfermedad. Sin embargo, el
tabú que rodea esta palabra no ha perdido su fuerza. A pesar de que existe una
conciencia de que el suicidio está ligado con problemas tales como depresión y pérdida
del sentido de la vida, la sociedad considera que el suicida es una persona
cobarde que no pudo enfrentar sus miedos y prefirió tomar la salida fácil.
Esta
mentalidad provoca que muchas personas que están teniendo pensamientos
negativos hacia sí mismos tengan miedo de pedir ayuda o de hablar con alguien
de cómo se sienten porque no quieren ser juzgados. Solemos hablar de lo que nos
enoja y discutir sobre lo que no estamos de acuerdo, sin embargo, no acudimos a
nadie cuando se trata de hablar de nuestros sentimientos más profundos, pues
tenemos una inquietud muy grande de no ser escuchados o entendidos.
Si
acudiéramos con personas capacitadas desde el principio no llegaríamos a un
estado mayor, como por ejemplo, a una depresión profunda. El que alguien cometa
suicido está directamente relacionado con su estado emocional. Hay gente que
está triste o melancólica, y clasificamos su condición con expresiones como
“está deprimido”. Sin embargo, esta etiqueta genera confusión, e influye en el
momento en que la persona decide solicitar ayuda, pues esta no identifica los
síntomas más comunes de un estado depresivo.
Puede ser
que nos sintamos tristes por situaciones como el reprobar un examen o porque nuestro
equipo favorito perdió la final de fútbol. Generalmente, en estos casos se nos
olvida lo que pasó después de algunos días y continuamos como si nada hubiera
ocurrido. El problema está cuando esta condición se prolonga más de 5 o 6
semanas y no se le da seguimiento.
Se le
realizó una entrevista a José Luis Montes, psicólogo del Instituto Tecnológico
de Monterrey, con el fin de entender este problema más a fondo. Comenta que hay
ciertos parámetros que indican que una persona está deprimida. El estado
depresivo se conforma de diferentes elementos, por lo general: tristeza, pérdida
de interés en lo que antes le interesaba y hay una disminución clara en la
actividad. Para este tipo de depresión existe una causa concreta, como por
ejemplo, la muerte de un ser querido, un fracaso, una enfermedad, entre otras
razones. Cuando se presenta una de tendencia de este tipo, se le puede dar
seguimiento de diferentes maneras, como por ejemplo, con terapia psicoanalítica
o terapia conductivo conductual. Una vez que se detecta el disparador del
estado de animo, es mucho más fácil darme combatir el problema.
Sin embargo,
es importante distinguir entre esta depresión y la que surge por sí sola. Cuando
uno no sabe de dónde vienen los sentimientos de tristeza y tiene pensamientos negativos
reiterados tales cómo “nada tiene sentido o “ya no puedo...”, es importante
acudir de inmediato con ayuda profesional. En muchos casos, el problema está
relacionado con una condición neuronal y se puede tratar con soporte bioquímico
y por medio de terapias.
Antonio de
Luna, un joven estudiante de 20 años, es sobreviviente de un intento suicida.
Comparte que desde que estaba en la secundaria empezó a sufrir problemas de
depresión y ansiedad. El ambiente en su casa era tenso; su padre sufría problemas
mentales y peleaba con su madre frecuentemente. Antonio se empezó a retraer; la
ansiedad iba aumentando cada vez más. Después empezó a dejar cicatrices en su
piel. La situación se agravó cuando
entró a preparatoria: los pensamientos suicidas eran abrumantes y su nivel de
ansiedad estaba por los cielos. Hablaba con sus amigos sobre cómo se sentía;
les contaba que se sentía triste, que le interesaba la muerte. Sin embargo, nadie
se hubiera imaginado que intentaría hacer algo aparte de divagar sobre la
muerte. Ocho meses después, atentó contra su vida.
Según José Luis Montes, cuando alguien empieza
a explicarnos cómo se siente, los demás tendemos a minimizar sus sentimientos e
ignoramos la gravedad de la situación haciendo comentarios como “anímate, no
pasa nada” o “todo va a estar bien, no te preocupes”. Hay que saber distinguir
entre tristeza y depresión, y ahí es cuando es necesario atender la situación.
No es
sencillo para nadie tratar con una problemática. Sin embargo, si vemos que
alguien se rompe la pierna, lo más lógico que haríamos es ayudarlo a caminar y llevarlo
a un hospital. Entonces por qué nos paralizamos si alguien nos dice “me siento
triste y tengo pensamientos suicidas”. Precisamente por el tabú que rodea la
palabra “suicidio”, las personas se sienten intimidadas por las cuestiones
relacionadas a la salud mental. Esto afecta directamente a la persona que está
teniendo pensamientos negativos reiterados, pues como nadie intenta ayudarlo,
se va hundiendo a tal punto que es muy probable que llegue a un punto de tanto
sufrimiento que decide quitarse la vida.
Antonio
pensaba que si moría, ya no se sentiría triste. Pensaba que aunque cumpliera 70 años y lograra cosas en su vida,
no significaría nada a largo plazo. ¿Qué caso tenía entonces vivir?
Para poder
combatir el problema, es necesario entenderlo. Cuando una persona habla de
suicidarse, lo que en verdad está haciendo es pedir ayuda. Una persona en un
estado muy profundo de depresión ni siquiera tiene las energías para quitarse la
vida. José Luis Montes comenta que cuando la persona no habla de ello, es
muchísimo más peligroso. Generalmente está muy reflexiva durante un periodo de
tiempo, empieza a hablar de la muerte y suele despegarse de cosas que antes
eran muy personales para ella. Los casos de suicidio exitosos han presentado primero
una etapa depresiva y de desapego seguida de una de felicidad y tranquilidad. Entonces, ¿por qué se suicidaron si parecía
que estaban mejorando? Cuando el suicida
toma la decisión de quitarse la vida, está tranquilo porque ha encontrado la
solución a sus problemas y siente paz por el hecho de que pronto dejará de
sentir dolor.
Antonio no
podía dejar de pensar en que su vida era un terrible desastre. Acababa de
chocar su carro. La niña que le gustaba lo acababa de rechazar. Su ansiedad
estaba en el punto máximo. El 5 de abril del 2011 fue el día que decidió
atentar contra su vida. Antonio tenía
solo 16 años. Estaba en el salón de clases cuando tomó la decisión. Había roto
un escritorio por accidente. Esa fue la gota que derramó el vaso.
Ese día, su
madre y su hermano saldrían de viaje. A su papá lo acababan de operar, por lo
que estaría todo el día reposando. Era la oportunidad perfecta para terminar
con el sufrimiento de una vez por todas. Volvió a su casa a despedirse de su
mamá y su hermano. Robó una navaja de la biblioteca de su padre y tomó un
cuchillo de la cocina. Después, subió a su cuarto y escondió ambas armas debajo
de su almohada.
Es
importante tomar en cuenta que matar a un ser humano no es fácil. Menos fácil
es matarse uno mismo. Tenemos un instinto de supervivencia que se enciende
cuando nos encontramos en una situación extrema de peligro. Si esto es un
hecho, entonces ¿por qué siguen habiendo tantos suicidios en el mundo? Porque
el suicido se lleva a cabo una vez que el individuo tiene un quiebre psicótico,
provocando que llegue a un grado máximo de locura. Pongamos el siguiente ejemplo: si una persona
tiene un episodio esquizoide y empieza a ver alucinaciones se puede suicidar.
Si está bajo la influencia de alguna droga como heroína o metanfetaminas, se puede
cometer el acto tranquilamente una vez que pierde la noción de la realidad.
Antonio
esperó a que su padre estuviera dormido para iniciar su plan. Bajó a la cocina y
tomó dos cajas de sus antidepresivos. Se encerró en su cuarto. Entró al baño, vertió las pastillas sobre su
mano y se las tomó de un trago. Al hacer esto, sintió calma. Sintió que estaba realizando algo importante.
Sintió felicidad. Sintió adrenalina.
Se desvistió
por completo y se metió a bañar con agua hirviendo con el fin de que fluyera su
sangre más rápido. Después, tomó el cuchillo y la navaja e intentó cortarse las
venas de sus muñecas. Sin embargo, por más fuerza que ponía, su piel no sangraba.
No lograba encontrar la vena para terminarlo todo. Antonio sentía desesperación, no se podía
cortar, tendría que encontrar otra solución. Llevó la navaja a su yugular. El
cuchillo no cortaba su piel. El agua seguía corriendo. Entró a al regadera y se
sentó a esperar a que la vida saliera de su cuerpo. En ese momento, empezó a
dudar. ¿Qué si las pastillas no hacían efecto? No había sido capaz de cortarse.
Su plan había sido un fracaso. Ni siquiera pudo lograr matarse.
A pesar de
algunos patrones que se presentan, el suicido es imposible de generalizar. En
unos casos se puede presentar una estructuración, donde el suicida va planeando
a detalle la forma en la que lo va a hacer. Por otro lado, está el suicidio
espontáneo, el cual es mucho peor pues no presenta tendencia alguna. Puede
suceder que la persona va caminando por la calle y en eso tiene un quiebre
psicótico y decide atravesarse frente a un carro. Todo depende de la persona. Lo
único que todos los casos de suicidio tienen en común es que el punto en que el
individuo toma la decisión, este ya no está consciente de lo que es
irreversible.
En eso, sonó
su celular. Era su mejor amiga. Antonio contestó. Ella le preguntó si estaba
bien. Antonio se preguntó cómo es que ella supo que algo estaba pasando. Sin
embargo, le mintió y le dijo que no había de qué preocuparse. Ella lo presionó
hasta que él le confesó lo que hizo. Ella le rogaba una y otra vez que le
dijera a su papá, que pidiera ayuda. Antonio estaba preocupado por lo que
dirían al darse cuenta que no pudo suicidarse. Estaba seguro de que lo
regañarían. En eso, empezó a sentir sueño. Se acostó. Le dijo a su mejor amiga
que le diría todo a su papá en la mañana. Empezó a sentir una tranquilidad
aterradora; las drogas habían hecho su efecto. Apagó su teléfono y cerró los
ojos. Despertó la mañana siguiente en el hospital; alguien había salvado su
vida.
José Luis
Montes también menciona que muchos de los suicidas realmente no se dañan en el
acto, pues ellos ya sufrieron anteriormente. El objetivo es dañar a otros con
sus actos con el fin de que vivan el resto de sus días culpándose.
Antonio
quería ser recordado, se quería sentir como un mártir. Su meta era que la gente
se sintiera culpable, que todos pensaran que debieron ser más lindos con él,
que lo debieron de haber tratado mejor. Quería ser recordado como un “pobre
genio incomprendido”. Sin embargo, por
razones que aún no se puede explicar, la vida le dio una segunda oportunidad.
El
que alguien se suicide trae consigo numerosas consecuencias. Las familias del
suicida se destruyen por completo. Se preguntan constantemente “por qué”, y el
sentido de culpa es muy grande. Si los suicidas vieran cómo terminaría su
familia, algunos la pensarían dos veces. El daño dura años, toda la familia
requiere ayuda…sobre todo por los “no me di cuenta”, “yo pensé que..”. Es una
situación muy difícil de superar.
Los
padres de Antonio estaban devastados. El sentimiento de culpa que sentían era
incomparable. Su padre quería culpar a los demás, no quería aceptar la
realidad. No fue hasta que su esposa le gritó que era necesario que se diera
cuenta que era su culpa que decidió aceptar la realidad.
Antonio
recibió muchas visitas en el hospital, sin embargo, se daba cuenta que todos lo
trataban con lástima. Las conversaciones con los demás eran incómodas, nadie
sabía qué decirle. Aparte, toda persona con la cual que entablaba algún tipo de
contacto miraba con horror las cicatrices que había tallado en su piel. Él
quería hablar con sus amigos como antes, pero al parecer todo había cambiado.
Antonio estaba enojado con las personas por tratarlo tan bien, quería que todos
simplemente dejaran de fingir. Eventualmente, pasó el tiempo y Antonio dejó de
ser el centro de atención. Todos continuaron con su vida, y Antonio decidió
hacer lo mismo.
La
historia de Antonio es un ejemplo de lo que muchas personas están viviendo en
la actualidad. Mientras estás leyendo estas palabras, alguien acaba de morir a
causa de suicidio. Ese alguien podría ser tu hijo, tu padre o tu mejor amigo.
Vivimos pensando que fenómenos como este le ocurren a otras personas, pero no a
nosotros. Sin embargo, las estadísticas dicen todo lo contrario. Debemos
empezar a hacer diálogo con los demás sobre este tema, y más importante aún,
verdaderamente aprender a escuchar lo
que las personas alrededor de nosotros nos intentan comunicar.
Antonio
actualmente está cursando su cuarto semestre de la carrera de “Ingeniería en
ciencias computacionales”. Comparte que si ahorita tuviera la oportunidad de hablar
con el Antonio de hace 4 años, le diría que las cosas mejoran, y que aunque
sienta que es el problema más grande de la vida, tiene que afrontarlo con
calma. Le diría que le gustaría enseñarle dónde está ahorita, enseñarle que
está sano mentalmente y que tiene buenos amigos. Le diría que salió adelante, y
que aunque parezca imposible en ese momento, la vida continua y los problemas
se terminan. Le diría que es feliz.
Vivimos en
una sociedad que valora lo superficial por encima de lo espiritual. Las
personas han dejado de conectar entre sí mismas y por lo tanto han dejado de
escuchar. Nos dejamos presionar innecesariamente por ideas como el “debo tener
cierto peso”, “debo tener cierto celular”, “debo ser exitoso”, y los
sentimientos los hemos arrumbado por completo en un cajón.
Debemos
entender que el suicidio no es simplemente una “salida fácil”, ni tampoco una
forma de escapar de los problemas. Es un acto que se comete cuando una persona
ya no es capaz de ver otra opción de tan grande que es su sufrimiento. El
hablar abiertamente sobre esta problemática es el inicio de una larga
trayectoria hacia el cambio de mentalidad de una sociedad entera. Las personas
que viven día a día sin un propósito necesitan urgentemente este cambio.
Hagámoslos sentir que está bien hablar de cómo se sienten, hagámoslos sentir
seguros de compartir con nosotros sus pensamientos. Hagámoslos perder ese miedo
a ser juzgados. Hagámoslos saber que no tienen nada de qué estar avergonzados. Tú
y yo tenemos el poder de salvar una vida. Entonces, ¿qué estamos esperando?
Agradecimientos
Se le
agradece al psicólogo José Luis Montes por compartir sus conocimientos sobre este
tema tan delicado y por ayudarnos a tener una perspectiva más clara y objetiva
sobre la forma en la que se le debe de dar seguimiento a esta problemática. Un
agradecimiento muy grande también para Antonio de Luna por compartir su
historia con nosotros, una historia que le da esperanza a muchos otros que
están pasando por esta misma situación y que con su testimonio demuestra que
las cosas en realidad sí se ponen mejor. Gracias por recordarnos que la vida
sigue, y que siempre después de una tormenta, llegará la calma.




La información es muy interesante, pero, para ser un artículo con credibilidad y confiabilidad es necesario que incluyas más fuentes que respalden tus premisas.
ResponderBorrarPara serte sincera, me ha encantado la manera en que defiendes tu tesis sobre este tema. Considero que el tratamiento es pertinente y mucho más consistente que en las entradas anteriores.
Muchas gracias, aprecio que te hayas tomado el tiempo para escribir tu opinión. :D
BorrarAle me pidieron el articulo en In gles . Lo tienes?
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