¿En realidad existe la libertad absoluta, o simplemente es un concepto ilusorio que está condicionado por la sociedad y sus normas? Según el filósofo francés, Jean-Paul Sartre, el hombre está condenado a ser libre; condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y por otro lado, es libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. Tomando como base este concepto, podemos definir a la libertad como una cualidad inherente de todo ser humano. No obstante, existen un gran numero de argumentos que externan que en realidad no somos seres completamente libres, sino que estamos condicionados por medio de factores culturales, sociales y/o naturales. El objetivo de este ensayo es analizar si realmente existen factores que nos limitan, definir cuáles son y determinar de qué forma condicionan la libertad del ser humano.
Primero que nada, es importante desglosar y definir detalladamente el concepto de la libertad. “La libertad es una característica propia del ser humano, es un atributo netamente humano y va íntimamente relacionado con la inteligencia” (García, 2012) La libertad se compone de esa facultad que posee todo ser vivo para llevar a cabo una acción de acuerdo a su propia voluntad. En otras palabras, quiere decir que por el simple hecho de ser humanos, contamos con la capacidad de raciocinio, a diferencia de los animales, somos aptos para tomar decisiones, ya sea para bien o para mal.
Es completamente cierto que nosotros no podemos decidir si nacemos ricos o pobres, si nacemos con piel blanca u oscura, etc; simplemente llegamos al mundo, y una vez que somos parte de la humanidad, somos responsables de todo lo que hacemos. Nos vamos formando como personas en base a las decisiones que tomamos, y estas definen quiénes somos y qué tipo de vida tendremos. Ortega y Gasset hace una distinción entre los tipos de libertad: la libertad “desde”, que es la libertad en la cual no podemos elegir nuestras circunstancias, retos ni capacidades, y la libertad “para”, que consiste en el modo en que afrontamos tales situaciones, el cual sí podemos elegir. Esto significa que a pesar de que no tengamos el poder de decidir cómo y bajo qué circunstancias llegamos a este mundo, sí tenemos la capacidad de elegir la forma en la que vamos a enfrentarnos a tales condiciones.
Se tiende a pensar que no contamos con una libertad absoluta porque estamos limitados y atados por las condiciones en las que nos encontramos. Por ejemplo, se podría considerar que un obrero está limitado en su libertad económica, porque a diferencia de una persona adinerada, este no cuenta con las mismas posibilidades de obtener ingresos equivalentes a los de la persona acaudalada. Sin embargo, a pesar de que las condiciones en las que este obrero se encuentra están fuera de su control, no significa que no pueda alcanzar más. Es capaz de superar sus límites y llegar más lejos si así lo desea, tomando decisiones encaminadas a tal objetivo. ¿Cuál sería una forma de afrontar sus circunstancias y lograr su meta? Educándose financieramente, desarrollando una cultura de ahorro o trabajando el doble. Como seres humanos tendemos a ver nuestro entorno como un obstáculo a nuestras metas, pero en realidad se trata de la forma en la que afrontamos tales condiciones y decidimos sobreponerlas para formarnos en la persona que deseamos ser.
Retomando este último ejemplo, muchos podrían argumentar que el obrero continúa siendo limitado por su entorno, pues como no tiene el dinero suficiente ni una posición económica ideal, no puede tener acceso a la educación financiera que requiere ni a la información necesaria para administrar su dinero. Probablemente el obrero no cuente con tal nivel de intelecto, pero sí puede razonar y reflexionar para encontrar una solución alterna. Imaginemos que nuestro obrero se dedica a la carpintería; su nivel máximo de educación es de preparatoria, con dificultad se le puede llamar casa al lugar en donde vive con su familia de 2 hijos, y con mucho esfuerzo, entre él y su esposa, apenas pueden alimentarla. Sin embargo, nuestro obrero tiene un talento nato para la carpintería y su esposa tiene la facilidad de persuadir a los demás. ¿Qué puede surgir de esto? Nuestro obrero, en sus tiempos libres, puede dedicarse a realizar trabajos artesanales, y la esposa, a venderlos, generando un ingreso extra y por lo tanto mejorando la calidad de vida de su familia. Tal vez, en un inicio no lleguen a estar al nivel económico de un millonario, pero si son buenos en lo que hacen, el éxito viene de la mano. Las condiciones en las que vive el obrero no son un límite, sino una oportunidad para alcanzar su meta.
“La libertad es una afirmación de la persona, se vive, más no se ve, es la condición total de la persona, es fuente viva de ser.” (García, 2012) Cuando tomamos una decisión, ya sea buena o mala, es importante comprometernos con las consecuencias respectivas. La libertad va de la mano con la responsabilidad; somos seres humanos completamente responsables de las elecciones que tomamos y las consecuencias que estas conllevan. Si elegimos hacer mal, entonces nuestra decisión va a tener ciertas repercusiones. En este punto es cuando se presenta otro de los límites de la libertad. Se dice que somos libres hasta cierto momento porque solamente podemos ejercer nuestra libertad dentro de lo permitido, lo que consiste de factores culturales y sociales. La sociedad establece ciertas normas para asegurar una convivencia de paz y armonía entre los individuos que la componen, y si alguien no se comporta acorde a tales pautas, es castigado.
Por ejemplo, imaginemos que vamos manejando por una carretera y el límite de velocidad es de 80 km/h. Podemos decidir seguir tal lineamiento o exceder la velocidad. Ese 80 no es nada más un número que existe para imponer una regla sin fundamento alguno, sino que es la velocidad máxima en la que aún no existe gran riesgo para la vida del conductor y las personas que se encuentran en el vehículo. “Según la Organización Mundial de Salud, el aumento de la velocidad promedio está relacionado con la probabilidad de la ocurrencia de un accidente de tránsito, como con la gravedad y consecuencias del mismo.” (Rueda, 2012) Si decidimos no respetar una norma de este tipo, estamos poniendo en peligro no solo nuestras vidas, sino la de terceros, por lo que es primordial castigar a quienes deciden tomar tal riesgo.
La sociedad no establece reglas y normas con el fin de limitar nuestra libertad, sino para que exista un orden y una sana convivencia entre los miembros de una sociedad. Por ejemplo, si no hubiera reglas, cualquier persona podría entrar a nuestra casa, tomar lo que quisiera e irse sin recibir algún tipo de sanción. El que existan tales pautas no significa que tengamos que seguirlas, aunque es lo ideal. Nosotros tenemos la libertad de decidir si queremos vivir siguiendo estas normas o si queremos actuar contra ellas. Al tomar una decisión estamos expresando que estamos dispuestos a afrontar las consecuencias de forma responsable. Antes de decidir debemos saber qué es lo que vamos a obtener de tal elección. Si decidimos matar o robar, debemos saber que tal acción trae como consecuencia un castigo, por lo que no nos queda otra alternativa más que la de responsabilizarnos por nuestros actos.
Nosotros tenemos la capacidad de elegir si queremos vivir en sociedad o si queremos convertirnos en ermitaños; en cualquier caso, hay reglas y normas que tenemos que cumplir para no alterar el orden establecido. Si decidimos ser parte de una sociedad significa que nos estamos comprometiendo a seguir las reglas y normas que esta impone. Si escogemos vivir en plena naturaleza, también debemos seguir las leyes decretadas por ella. No podemos modificar el orden de las especies animales ni meternos con la forma en la que ellos viven su vida, sino que debemos adaptarnos a ella. Es incorrecto simplemente llegar a cazarlos o destruir sus hábitats, pues si lo hacemos, ellos se van a defender y nos van a castigar, probablemente terminando con nuestras vidas por el simple hecho de poner la de ellos y la de sus crías en peligro.
Por otra parte, hay personas que le tienen miedo a su propia libertad, y por esta razón, ellos mismos se convierten en su propio límite. Ningún gobierno, presidente o figura autoritaria nos puede otorgar ni nos puede privar de nuestro derecho inherente de libertad. En los países del mundo que aún existen regímenes que controlan a poblaciones enteras, en donde las libertades de las personas son ofuscadas y completamente ignoradas, los ciudadanos se acostumbran a que se les diga qué hacer y son cegados por el miedo de simplemente pensar en cómo sería su vida si ellos pudieran elegir por sí mismos. Sin embargo, este miedo es una limitante que nos ponemos como seres humanos, pues se ha visto a través de la historia cómo muchos han peleado arriesgando sus y sacrificado todo lo que tienen con el fin conseguir la libertad que merecen.
Otra de las consideradas limitantes de la libertad humana es la falta de conocimiento. Mientras tengamos mayor conocimiento y la capacidad de hacer un juicio crítico, tenemos una mejor oportunidad de tomar la decisión correcta. Sin embargo, tal información puede ser modificada, como es el caso de la manipulación por parte de los medios. Muchas veces nuestra decisión puede encontrarse limitada si recibimos información tergiversada que está enfocada a beneficiar a ciertas grupos y/o personas, en ves de cumplir su objetivo de informar de forma transparente y objetiva. Por ejemplo, si leemos una noticia titulada: “Obama es el peor presidente que ha tenido Estados Unidos” y en ves de investigar más a fondo y cuestionarnos la causa de tal aseveración, aceptamos que ciertamente sí es el peor presidente, nos vamos a hacer la idea de que él es el culpable de todos los problemas del país y todo lo negativo que escuchemos sobre Estados Unidos lo vamos a relacionar con él sin pensarlo. El problema es que no sabemos discernir entre la información que se nos proporciona y solemos dejarnos llevar por lo que escuchamos sin preguntarnos si es cierto o no. Sin embargo, a pesar de esta limitante somos libres de no creernos todo lo que nos dicen los medios, de cuestionar y de comparar distintas fuentes de información y analizar nuestras alternativas para tomar la decisión que más nos beneficie a nosotros y a los que nos rodean.
El que elige lo malo es tan libre como el que elige lo bueno. Todos tenemos la libertad de decidir cómo vivimos, y esto se expresa en las decisiones que tomamos y en las acciones que realizamos. Nadie puede pensar ni decidir por nosotros, somos completamente libres de elegir siempre y cuando nos comprometamos a responsabilizarnos de las consecuencias. Puede parecer que estamos atados por una innumerable cantidad de cadenas que no nos permiten ser libres de forma absoluta, pero a fin de cuentas, somos libres de decidir y de hacer lo que queramos. Si nuestra elección tiene algún tipo de repercusión, está en nosotros mismos aceptar y reconocerla. Así como dijo Ramón de Campoamor: La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe.

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