¿Por qué solemos cometer el grandísimo error de siempre poner a una “persona” frente a nosotros mismos? ¿Qué tipo de poder tiene esa “persona” que hace que nuestra vida se vuelva insignificante si él o ella no está presente? ¿Cómo es posible que sin tener que realizar algún tipo de acción o pronunciar palabra alguna provoque que adquiramos un comportamiento en el que dejamos todo atrás a tal punto de volver nuestra dignidad casi inexistente con el fin de complacerla? La verdad es que esa “persona”, en la que todos ustedes están pensando en este preciso instante, aunque están intentando con todo su ser negarlo, no le importa un carajo ahorita ni le importará después lo que hagan por ella.
Ahorita probablemente estén pensando “no es cierto, se comporta así porque está pasando por un momento difícil” o “expresa que le importo de una forma distinta” o “simplemente así es nuestra relación y ambos estamos de acuerdo con eso”, etc. ¿Cuánto tiempo más se van a seguir inventando excusas estúpidas solo para evitarse el dolor de abrir los ojos y darse cuenta de lo que ha estado pasado frente a sus narices todo este tiempo? Es hora de que se enfrenten a sus innumerables mentiras y tengan el valor de aceptar que simplemente se están engañando, por más difícil que sea de aceptar, justificando las acciones de otra persona que no los valora en absoluto.
Si le importas a alguien, te lo va a demostrar, y para esto no hay algún tipo de excepción. Solemos entregar demasiado de nosotros mismos solo para sentir que la otra persona nos valora de la misma manera. Empezamos a hacer sacrificios pequeños que van aumentando con el tiempo y cuando menos nos damos cuenta, estamos completamente perdidos. Muchas veces, tal situación se agrava a tal punto que ya no sabemos ni quiénes somos de lo dependiente que nos volvemos de él o ella. Perdemos a nuestros amigos, nos alejamos de nuestra familia, descuidamos nuestra apariencia, y el tiempo que antes utilizabamos para nuestras actividades personales un día desapareció y se canalizó para complacer a otro.
Tendemos a crear una realidad alterna en la cual nos imaginamos que a la otra persona sí le importamos, pero por alguna excusa tonta, no nos lo puede demostrar de la forma adecuada. Y ahí estamos, dando sin recibir nada a cambio, y todo porque seguimos creyendo que algún día será diferente y que nuestro esfuerzo habrá valido la pena. Nos volvemos dependientes, nos volvemos unos adictos envueltos en la perdición del engaño. Tal sensación se convierte en nuestro motor, nos vuelve masoquistas. Nos gusta estar ahí, siendo despreciados y pisoteados, pero somos tan adictos que necesitamos de eso para sentirnos completos.
¿Quiénes seríamos sin estas personas? Probablemente nadie. Nos acostumbramos a que ellas definan quién somos, qué debemos hacer, qué nos debe de gustar, cómo nos debemos comportar, qué es lo que tenemos que pensar. Sin embargo, en ese momento estamos cegados por una neblina de felicidad artificial que no permite que nos demos cuenta de que simplemente nos están manipulando. Si alguien ve que a pesar de que te trate como si no valieras nada, sigues ahí a sus pies, se va a aprovechar de la situación y va a abusar de ella, trayéndote de aquí para allá para satisfacer sus intereses sin tomar en cuenta en algún momento los tuyos. Pero tristemente, a veces para nosotros es suficiente que él o ella nos diriga una sonrisa o nos exprese falsas palabras de afecto. Tal es nuestro sentimiento hacia ellos que estamos dispuestos a soportar incontables sufrimientos y derrotas solo por un simple momento de estos.
La pregunta es ¿en verdad vale la pena? Eso ya depende de cada quien. Pero, lo que sí puedo asegurarles es que no hay razón por la que tenemos que esforzarnos solo para que alguien nos valore ni tampoco tenemos que ser alguien que no somos para obtener la aprobación de esa persona a la que idolatramos. Y sí, “idolatrar” es la palabra correcta para describir lo que sentimos hacia esa persona especial porque cuando abrimos los ojos y aceptamos que no nos valoran y que nunca lo hicieron, se pierde ese encanto al instante. Cuando vemos a ese “ídolo” como en realidad es, se vuelve en un ser humano común y corriente, humano que no merece un segundo más de nuestro tiempo ni afecto.
Es sumamente difícil tener el coraje de decidir sacar de nuestras vidas a personas de este tipo. Son como parásitos que nos absorben poco a poco hasta que ya no queda nada de nosotros. El dolor más fuerte viene cuando nos damos cuenta de que nos perdimos por completo en el transcurso y que fuimos tan ciegos que permitimos que la situación llegara a tal punto. Es duro aceptar que uno se dejó de querer y apreciar por alguien que no le importó lo suficiente, pero por más sufrimiento que esto genere, es una oportunidad para empezar de cero, de reconstruir quién somos y ser quien queremos ser.
Es importante entender que si le importas a alguien te lo va a demostrar, sin exigir que cambies o que actúes de cierta forma. Le vas a importar y te va a valorar porque eres tú, porque tu valor como persona no es menor que el de alguien más, porque eres único, y porque mereces ser tratado con respeto simplemente por ser quien eres. Dejamos que nos traten como basura porque es tal el concepto que tenemos de nosotros mismos. Todos hemos tenido alguien así en nuestras vidas, incluso varias personas, y al dejarlas ir, nos quitamos un enorme peso de encima y le abrimos la puerta a otras personas completamente dispuestas a tratarnos de la forma que merecemos. Así como dijo Stephen Chbosky: “Aceptamos el amor que creemos merecer”. Dejamos que nos traten como basura porque es tal el concepto que tenemos de nosotros mismos. Debemos reconocer nuestro valor como persona y amarnos más que a nadie, porque si no es así, nunca vamos a ser capaces de darnos a respetar ni de darnos el valor del que somos dignos.

No hay comentarios. :
Publicar un comentario