jueves, 3 de diciembre de 2015

El ser humano ha buscado explicar las razones de su existencia desde el principio de los tiempos, y en un esfuerzo por responder preguntas tales como: ¿de dónde venimos?  ¿quién nos creó? y ¿por qué estamos aquí?, la inquietud se volvió tan grande que se tornó imposible vivir sin tener algún tipo de explicación para todas estas preguntas. Entonces, el humano, poco a poco, viendo lo que tenía a sus alrededores e intentando descifrar todo aquello que era capaz de percibir, empezó a crear conceptos que dieron inicio a la concepción que se tiene en la actualidad del mundo en el que vivimos.


Los primeros hombres, al verse enfrentados a lluvias, tempestades, fuerzas de la naturaleza aterradoras, enfermedades extrañas, y, lo más difícil de todo, la muerte, eran incapaces de explicarse tales fenómenos. Fue a través de sistemas de creencias y la creación de instituciones religiosas que el hombre pudo encontrar un sentido en su vida y explicar lo que alguna vez pareció inexplicable.


Al creer que era un dios o una entidad superior la que tenía control total sobre el pasado, presente y futuro de la humanidad, la vida se volvió sumamente sencilla. Todo sucedía por que debía suceder, porque así fue como esta fuerza superior lo quiso. Sin embargo, el hombre, al sentir la necesidad de cumplir sus deseos, empieza a dar todo de sí para que esta fuerza actúe a su favor. Se sacrifica y deja a un lado su humanidad para complacer a este ser supremo, pues en su mente, está claro que esta práctica lo llevará a ser aprobado por esta entidad a la que alaba, y por lo tanto, va a poder estar satisfecho consigo mismo.


Esta idea de magnificar a un concepto divino se vuelve tan poderosa que define a la humanidad por muchos siglos. El hombre está seguro que la vida, en el ahora, es un puente que lo llevará a un lugar donde no existe el sufrimiento. Cree firmemente que existe la vida después de la muerte, y que para poder alcanzarla, es importante esmerarse y seguir el camino de la bondad, pues si uno cae en la tentación del mal, sufrirá eternamente.


Al estar atormentando por estas creencias, el hombre carga, de forma inconsciente,  el peso de una responsabilidad que dicta lo que debe de hacer desde el momento en el que llega a este mundo hasta el momento en el que lo deja. Se castiga a sí mismo, y al mismo tiempo, la sociedad lo sanciona cuando no cumple con el comportamiento que se espera de él.



Vive con un miedo inmenso de no ser digno de este lugar divino donde todas sus malas acciones serán perdonadas. Entonces, intenta, y fracasa. Intenta, y vuelve a fracasar. Se angustia. Se reclama. Y por más que lucha, se encuentra cargando sobre sus hombros una inmensa culpa, y a pesar de que lucha por cumplir con el estilo de vida impuesto por su sistema de creencias, no se libra de este peso, pues no se percata de que el peso es su misma humanidad intentado ser liberada.


El hombre crece con la idea de que el sufrimiento es necesario, y que tiene que cargar con ese peso, porque al final valdrá la pena. Debe hacerlo, aunque no quiera aceptarlo. Debe aumentar esa carga sobre sus hombros, porque merece el sufrimiento, lo merece para lo que viene más adelante. Sin embargo, estas ideas, a pesar de que aún tienen gran influencia en la actualidad, fueron perdiendo poder por acontecimientos tales como el desarrollo de la ciencia, la revolución industrial, el crecimiento de las masas, la expansión del comercio, y las ideas de filósofos tales como Karl Marx, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, entre otros.


Dios ya no es el centro del universo, pues es sustituido por el hombre. Nietzsche recalca este hecho en su obra “La muerte de Dios”. Este filósofo alemán, en su tiempo,  hace una crítica profunda de la cultura, la religión y la filosofía de occidente a través de la creación de nuevos conceptos y la destrucción de los que integraban el sistema de pensamiento de su época.


Su crítica se dirigió especialmente a la moral cristiana, pues sostenía que esta suponía que el hombre era incapaz de distinguir entre lo bueno y lo malo. Nietzsche predica una reestructuración de esta moral y establece que para que esto se logre es necesario la muerte de Dios. En “Así Hablaba Zaratustra”, el filósofo se refiere a esto como “las tres transformaciones”. El espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente, el león en niño; esto es una representación metafórica de la transformación de hombre a superhombre.

El espíritu es, primeramente, un camello que reclama cargar las cosas más pesadas, porque cree que así, el espíritu será capaz de ser fuerte, sólido y repleto de respeto. ¿Y qué es lo que carga? Carga con la humildad, el sometimiento y el resentimiento hacia la vida.


“El espíritu sólido echa sobre sí todas estas cosas tan pesadas, y como el camello que corre cargado por el desierto, así corre el por su desierto”. (Nietzsche, 1993) Sin embargo, en el desierto solitario el espíritu se convierte en león; su objetivo ahora es conquistar la libertad y convertirse en el dueño de su propio desierto. Sin embargo, surge la duda, en forma de un dragón que se llama “Tú debes”, y se dirige hacia el león y le dice: “En mí brilla todo el valor de las cosas. Todos los valores han sido creados ya, y yo soy quien representa todos los valores creados.” El león lucha por la victoria, lucha por el “yo quiero”, simbolizando el hombre crítico que busca destruir los valores establecidos por la cultura occidental. Entonces, el poder y la fortaleza del león crea la libertad para la nueva creación.


Después, el espíritu se convierte en niño, quien representa la inocencia y toma la vida como un juego; es el niño quien cumple la tarea de crear los nuevos valores. Una vez llegado a este punto, se ha completado la transformación de hombre en superhombre. “El espíritu quiere ahora su propia voluntad; el que ha perdido el mundo quiere ganar su propio mundo” (Nietzsche, 1993).


Esto nos lleva directamente al concepto de la muerte de Dios. Para Nietzsche, Dios es una metáfora que representa lo absoluto; un todo que el hombre utiliza para darle un sentido a su existencia.


La creencia absoluta en esta entidad funciona para consolar a los hombres de la miseria y el sufrimiento que se presenta en el mundo; es una idea que se utiliza como refugio, pues el hombre no es capaz de aceptar la vida tal y como es. Al declarar que Dios está muerto, los hombres se encuentran frente a la oscuridad; ya no existe esa luz que antes los guiaba y le daba sentido a su ser. Surge una crisis de sentido y el hombre debe aprender a vivir sin este apoyo mediante la creación de nuevos valores y de una nueva moral. El hombre debe de dejar de ser hombre y convertirse en quien le da sentido a la vida: el superhombre.


“El superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre”. (Olleta, 2010) Este lucha contra la moral impuesta por las religiones y busca sustituirla por una que surja desde lo más profundo de su ser. Crea valores fieles al mundo de la vida que le permiten expresar de forma adecuada su personalidad y riqueza.



No cree en ningún tipo de realidad trascendente, ni en Dios, ni en el destino. Para él, el sentido de la vida es el que uno mismo le da, y por lo tanto, acepta que la vida es finita. Entonces, recibe al sufrimiento, la enfermedad, y la muerte con los brazos abiertos, pues sabe que de estas experiencias puede salir enriquecido. Es por estas razones no le da importancia al placer ni al dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de todos el desarrollo de su voluntad y espíritu. Sin embargo, aparte de ser duro consigo mismo y con los demás, este hombre “evolucionado” ama la intensidad de la vida; aprecia la alegría, el entusiasmo, la salud y el amor, y puede ser magnánimo y generoso, como una muestra de la riqueza de su voluntad.


Es importante hacer mencionar que la doctrina de Nietzsche se relaciona frecuentemente con la ideología nazista. Se dice que Adolf Hitler tomó expresiones como la voluntad de poder y las características del superhombre como bases para su movimiento. Sin embargo, no se toma en cuenta que Nietzsche creó el concepto de superhombre mientras se encontraba en Italia huyendo de todo lo relacionado a lo “alemán”, pues estaba totalmente en contra del antisemitismo que iba tomando auge durante su época.


Nietzsche criticaba exhaustivamente todo lo relacionado con el sometimiento a normas tanto sociales y políticas; estaba en contra de aquello que implicara imposición y pertenencia a un grupo. Expuso los valores de la cultura contemporánea en los que se sustentaba la vida y criticó la estructura social de su tiempo. Fueron estas ideas las que lo llevaron a ser el primero en entender la filosofía como la metafísica de la vida.


Esta filosofía vitalista revolucionó la forma de ver el mundo. Antes existía una esperanza ciega en algo o en alguien; se creía firmemente que existía una fuerza superior que vinculaba a los hombres y que ordenaba todos los acontecimientos. Pero cuando Nietzsche impuso sus ideales, arrasó con los conceptos de unidad, certidumbre y semejanza.


“Nietzsche mostró que es un mito la idea de una realidad ordenadora racional. No hay una verdad ni un sentido único de la historia, sino que cada uno inventa el suyo. La posmodernidad se ha encargado de desenmascarar la seguridad de la ciencia, el poder de la razón, la certeza del pensamiento...todo ello son “falsos ídolos” que hay que derrocar”. (I.E.S Séneca)


Para darle fin a  esta crisis, Nietzsche propone la transvaloración de los valores, sin embargo, debemos estar conscientes de que aún no hemos llegado a esa etapa, y es probable que nunca lo hagamos. La sociedad se encuentra estancada de nuevo, probablemente aún más que en la época de Nietzsche.  Las antiguas creencias, que solían ser principalmente religiosas, se han sustituido por otras del mismo poder, como por ejemplo: el dinero, el trabajo, la política, la jerarquía, el progreso, etc. “El individuo actual en todo caso expresa una queja hacia esas instituciones y esos poderes sin rechazarlos, al contrario, defendiendo su existencia y su legitimidad pero “luchando” para se estructuren o se contemplen bajo su prisma ideológico”. (Besançon, 2014)


Y este mismo proceso se ha visto a través de la historia repitiéndose una y otra vez: las sociedades pasan de una forma mayoritaria de pensar a otra, sin que exista un periodo de transición, o como lo predicaba Nietzsche, la creación de nuevos valores. “Hemos sustituido los valores ficticios del platonismo y el cristianismo por otros, igualmente falsos.” (Caballero, 2014)


No se ve presente un cambio de pensamiento, sino un cambio de poder, de estructura y de autoridad. En la actualidad, la sociedad cree ciegamente en el estado, en las leyes y en los medios de información. Hoy, nuestros valores no son más que una imposición del mercado que inventa necesidades y valores para guiarnos al consumo. Entonces, ¿dónde queda lo que cree uno mismo?  


El poder está tan arraigado en la vida del ser humano que la influencia que tiene sobre nosotros es imperceptible, y a pesar de que sigue sucediendo este fenómeno, la sociedad se atreve a llamarse nihilista. Y se llama así porque las personas ya no creen en nada. Ya nada tiene sentido; no existe el bien ni el mal y la verdad es meramente subjetiva. Nos llamamos nihilistas porque hemos vuelto banal el arte, la cultura y la desgracia, cuando Nietzsche consideraba que sin esto, la vida sería un error.  Nos hemos acostumbrado a la diversidad de opiniones a tal grado que ya no le damos importancia a la novedad. Y esta forma de ver la vida va totalmente en contra de lo que predicaba este filósofo; hemos tergiversado su ideología, pues él creía firmemente que aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos.


En nuestra época, tenemos la mentalidad de que todo vale. Sin embargo, es importante preguntarnos si hemos hecho algún esfuerzo por superar esta etapa y llegar a otra en donde el sentido de la vida sea verdadero. La respuesta es no.  “Nietzsche aspiraba a que el hombre viviera la vida asumiendo tanto el placer como el dolor que conllevara, y no esta versión light y edulcorada que nos transmiten los anuncios, que son los púlpitos ideológicos de nuestro tiempo.” (Caballero, 2013). . No hemos llegado ni a los talones de este superhombre. No hemos podido superar este periodo nihilista porque no tenemos la más mínima intención de construir nuevos valores que nos permitan estar satisfechos con la vida. Y siendo realistas, esta idea, desafortunadamente, permanece como una utopía derrumbada y olvidada en los escritos de este pensador visionario.

Referencias
  1. Aquileana (2008) Friedrich Nietzsche: “Así Habló Zaratustra”: “Las Tres Transformaciones del Hombre”. Recuperado el 3 de diciembre de 2015 de: https://aquileana.wordpress.com/2008/05/06/friedrich-nietzsche-asi-hablo-zaratustra-las-tres-transformaciones-del-hombre/
  2. Nietzsche, F. (1991) “Así Habló Zaratustra”. Buenos Aires. Alianza. 1991.
  3. Schaum. (2005) “INFLUENCIA Y ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE”. Madrid. Recuperado el 3 de diciembre de 2015 de: http://www.acfilosofia.org/materialesmn/historia-de-la-filosofia/historia-de-la-filosofia-contemporanea/288-influencia-y-actualidad-del-pensamiento-de-nietzsche
  4. “Actualidad del pensamiento de Nietzsche.” IES Séneca. Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de: http://www.iesseneca.net/iesseneca/IMG/pdf/4_actualidad_de_nietzsche.pdf
  5. Besançon. (2008) “¿Realmente vivimos en una sociedad y un periodo nihilista?” Revista Nada. Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de: http://revistanada.com/2014/08/05/realmente-vivimos-en-una-sociedad-y-un-periodo-nihilista/comment-page-1/#comment-952
(2014) “Actualidad de Nietzsche”. Selectividad 2014.  Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de:  http://selectividad2014jc.blogspot.mx/2014/05/nietzsche-actualidad.html

lunes, 14 de septiembre de 2015

La mayoría de las veces en las que estoy utilizando redes sociales, me encuentro con una gran cantidad de publicaciones que critican la corrupción existente en nuestro país. Veo cómo las personas juzgan a nuestro presidente y a nuestros políticos, y leo cómo exigen que rindan cuentas a sus ciudadanos, que sean transparentes y que se enfoquen en el progreso del país.
Estoy completamente de acuerdo que la situación de nuestro país no es la ideal. Sin embargo, estoy en contra con la idea de que solamente una persona y un organismo tiene responsabilidad total de todos los problemas en los que estamos sumergidos.


Estudios realizados por diversas instituciones tanto nacionales e internacionales demuestran que un 48% de los ciudadanos entrevistados piensan que la corrupción es enteramente fomentada por el gobierno. 30% mencionaron que tanto los ciudadanos, empresarios y el gobierno son actores directos en la propagación de este fenómeno. Sin embargo, solo 13% contestó que son los ciudadanos los que promueven este tipo de prácticas.


Me parece ridículo el porcentaje tan bajo de personas que cree que la responsabilidad yace en el ciudadano, y me decepciona el número tan alto de ciudadanos que están seguros de que la situación en la que estamos se le debe enteramente a las prácticas de sus gobernantes.


No me averguenza decir que yo soy parte de ese 13% que cree que la responsabilidad está en uno mismo. Me he dado cuenta que la gente a mi alrededor realiza acciones pequeñas y corruptas de forma tan seguida que se han vuelto parte de su comportamiento normal. Observo que les pagan a otros para que les hagan sus proyectos y tareas, que le pagan mordida al policía que los multó, y que toman cosas que no les pertenecen. Y por desgracia, estos son algunos de los ejemplos innumerables que definen el comportamiento de  nuestra juventud, y me incluyo en este grupo, pues alguna vez yo también he realizado alguna de estas acciones.




La razón por la que escribo esto es porque en mi universidad existe un grupo de estudiantes que consigue las respuestas de los exámenes de distintas materias y para venderlas a quienes aportan con medios económicos. A este fenómeno se le conoce como “mafia”, y su presencia es sumamente fuerte durante la temporada de parciales.


Quiero mencionar que, el Tecnológico de Monterrey, la universidad en la que actualmente curso mis estudios, enfatiza el desarrollo de sentido humano de sus estudiantes y de la práctica constante de la honestidad. Llevamos clases, como ética ciudadana, en las que nos inculcan valores, y en la que nos hablan sobre la falta de personas que hay con sentido de responsabilidad y honestidad y lo importante que es que nosotros seamos esos seres que realizarán un cambio significativo en la sociedad. Sin embargo, aunque sea difícil de creer, en ambientes donde se fomentan este tipo de comportamientos, la corrupción se ve más presente que nunca.


Analicemos el ejemplo anterior con más detalle. Es semana de parciales. La mayoría de los alumnos están estresados. Muchos de ellos llevan días durmiendo poco. En eso, a un estudiante, llamémoslo, estudiante “X”, le llega un mensaje. Es de parte de un compañero, y le está ofreciendo las respuestas al examen que tiene que presentar el día siguiente.
“X” está cansado, lo único que quiere es que termine la semana. No le ha ido bien en los parciales anteriores, y esta es la oportunidad perfecta para salvar su promedio. Entonces, acepta, y obtiene calificación aprobatoria.


Las razones por las que “X” tomó esta decisión tienen sentido, no? Sin embargo, son suficientes para eximir su acción de haber aportado al crecimiento de la corrupción? Por supuesto que no.


Hay que tener en claro que la corrupción no solo es de quien te hace una oferta que va en contra de tus ideales, sino de quien la acepta. Al final, todo se define por la decisión que tomas.


Y si aceptas, y días después estás hablando sobre la ineficiencia de tu gobierno, con qué cara los juzgas si tú haces lo mismo, pero menor escala? Así como al estudiante “X” se le hizo fácil aceptar las respuestas, a un político se le hizo igual de fácil aumentarse el sueldo.


Y probablemente ese político empezó con acciones tan pequeñas como el copiarle las respuestas a su compañero durante un examen. Y como se dio cuenta que era fácil, que nadie se dio cuenta, y que no hubo consecuencias, decidió aplicarlo en todos los aspectos de su vida. La trampa te lleva el punto donde quieres estar en un abrir y cerrar de ojos. El esfuerzo y la dedicación, por otro lado, es un proceso muchísimo más tardado.


Entonces, si decidimos irnos por el camino de la trampa y la corrupción, tal vez obtendremos lo que sea que queramos, y tal vez, lo hagamos con tanta frecuencia que llegaremos al punto en donde ya no lo veremos como algo incorrecto, sino inteligente. La corrupción se convierte en un estilo de vida que se cultiva desde el primer momento en que preferimos irnos por el camino del menor esfuerzo que el del trabajo.


Todos tenemos la libertad de escoger, pero hay que tener en claro que nuestras acciones definen nuestra persona, y a la larga, nos definirán tanto que no podremos escondernos ni siquiera tras la hipocresía. Antes de empezar a juzgar tenemos que analizar si las acciones que hacemos son igual de coherentes que las acciones que exigimos. Si eres corrupto, no critiques a otros por serlo. Si estás en contra de la corrupción, entonces que lo demuestren tus acciones.


Debemos tomarnos el tiempo de analizar nuestras acciones y actuar sobre la responsabilidad que nosotros tenemos para combatir este fenómeno. Si queremos vencer la corrupción, evitemos ser corruptos. Así como dijo Leo Tolstoy, debemos de tener presente que “cualquier cosa es mejor que la mentira y el engaño”.


El cambio está en uno mismo, no en un organismo gubernamental, no en unos cuantos políticos, sino en nosotros. El futuro y el desarrollo de nuestro país está en nuestras manos. Y les ruego, porfavor, que no lo echemos a perder.

martes, 1 de septiembre de 2015

Si nos ponemos a pensar demasiado en el significado de la vida, concluimos que mientras más profundicemos en este proceso, nos damos cuenta de que en realidad no tiene sentido alguno. ¿Qué es la humanidad en comparación al universo? ¿Cómo podemos sentirnos únicos sabiendo que allá afuera existen miles y miles de galaxias y planetas que aún no hemos descubierto? Si lo vemos desde esa perspectiva, en realidad no somos nada. Meramente nos podemos comparar con un granito de arena en un desierto cuya magnitud ni siquiera podemos concebir.

Para que entiendan más sobre lo que estoy hablando, los invito a ver el siguiente video:



Increíble, ¿no?

Solemos cometer el error de poner al ser humano en un pedestal. Vemos al hombre como el más poderoso y el más fuerte de todas las especies, utilizando la excusa de que somos los únicos capaces de utilizar la razón y desarrollar pensamiento crítico. Sin embargo, ignoramos todas las otras cosas que nos hacen ser lo que somos. Nos separamos de todas las otras especies animales, olvidando que nosotros mismos también pertenecemos a ese grupo. Damos por hecho la perfección y el orden de la naturaleza, y en vez de maravillarnos con lo que el mundo nos ofrece día con día, nos enfocamos en tener más, en lograr más y en ser mejor que el otro.

Pero ese es el peor error que podemos cometer como humanos, pues la realidad es que todos somos parte de un sistema que depende de nosotros de la misma forma que  nosotros dependemos de él. Nos concentramos tanto en situaciones y problemas externos a nuestra esencia que empezamos un proceso irreversible de despersonalización, aunque creo que el término más apropiado sería deshumanización. Nos entrometemos tanto en trivialidades personales y en tener que cumplir obligaciones que olvidamos comunicarnos con los demás; dejamos de sentir, dejamos de expresar, y todo se vuelve un círculo vicioso de lograr y obtener todo lo que sea posible para poder ser valorados como persona.

Vivimos en una sociedad en la que le damos significado a nuestra existencia a través de éxitos y fracasos. Pero si nos ponemos a pensar, ¿qué significa el éxito y el fracaso en un mundo tan ajetreado como en el que nos encontramos. Con el tiempo, el ser humano ha tergiversado el concepto de éxito y lo ha confundido con la felicidad. Esto ha ocurrido debido a las reglas y concepciones que la sociedad ha establecido a través de los años.

Actualmente estamos en un sistema que espera que seamos lo que este quiere. Para ser un humano valorado, uno debe de sacar buenas calificaciones, uno tiene que tener un título, conseguir trabajo en una empresa prestigiosa, tener una familia, envejecer y morir. Ese es el concepto de una vida ideal, y claro, es el proceso de la vida de todos, pero, parece que lo que debemos hacer está escrito en un reglamento que si decidimos no seguir, habrá innumerables consecuencias.

Esto es lo que pensamos: que si no hacemos lo que este "reglamento" exige de nosotros, no valemos lo suficiente como persona. Para mí esta idea es completamente errónea. ¿En verdad tiene algún sentido medir el valor de una persona por lo que hace o lo que no hace? ¿Acaso no estamos en un punto en que comprendemos que existe una diversidad grandísima de culturas, gustos y personalidades, y por lo tanto, aplicar esta idea es literalmente imposible? Entonces, ¿por qué seguimos tomando decisiones y caminos para satisfacer el "deber ser" en vez de el "quiero ser"?

Y vemos este fenómeno reflejado desde el momento en que nacemos. Por ejemplo, a un niño lo visten de azul mientras a una niña de rosa. A un niño le compran carros y soldados. A una niña Barbies y ositos de peluche. Yo no recuerdo haber formado parte de estas decisiones. ¿Alguna vez fuimos consultados? Por su puesto que no, pues la concepción del "deber ser" de la sociedad en la que hemos crecido lo estableció así.

Y esto que digo no es para pintar a la sociedad como un monstruo que destruye nuestras vidas. No, al contrario, somos seres sociales que necesitamos de sistemas para vivir de forma armoniosa e igualitaria, teóricamente, por supuesto. Debemos tener modales, tener buena higiene, no faltarle el respeto a los demás, etc, si no el mundo sería un verdadero caos. Pero estas actitudes y comportamientos no solo se ven reflejados en los casos anteriores, sino en todos los aspectos de nuestras vidas.

Empezamos a ver qué es lo que hacen los demás, de qué forma hablan, de qué forma visten, y aspirando a ser percibidos de la misma manera, hacemos exactamente lo mismo. Es completamente normal que observemos e imitemos comportamientos, pues somos influenciables por naturaleza. Pero le damos tanto poder a este fenómeno que en vez de desarrollar nuestro verdadero ser a su máximo potencial, nos convertimos en meras imitaciones de otros humanos.

Entonces, ¿hasta qué punto debemos respetar estas reglas sociales? ¿Hasta qué punto empiezan a interferir todas estas concepciones con nuestros planes personales?
Me gustaría que vieran el siguiente video para que se den cuenta de lo influenciables que somos:


El humano tiene una necesidad inherente de pertenecer. Es importante tener un sentido de unión y de entendimiento con el grupo en el que nos desarrollamos. Sin embargo, en muchos casos ese sentido de pertenencia es completamente falso. Somos partes de grupos, pero la mayoría de las veces, para ser parte de esos grupos dejamos de ser nosotros mismos y nos dejamos influir por ese "deber ser".

Aquí es donde entra el concepto de la felicidad. ¿Qué es lo que nos hace feliz? Quiero que reflexionen por un momento esta pregunta. Pueden contestar algo tan simple como ver a su abuelita reír, ver el atardecer, comer su platillo favorito, ver una temporada de una serie en un día, la verdad es que todas las respuestas son válidas. Sin embargo, malamente relacionamos la idea de felicidad con tener cantidades exuberantes de dinero, el último carro del año, el último iphone, la casa más grande del vecindario, etc. ¿Me equivoco?

Entonces volvamos otra vez a la pregunta de qué es lo que nos hace feliz. ¿Ser nosotros mismos y trabajar en cumplir nuestros sueños, o sacrificar nuestro verdadero ser con el fin de pertenecer a un sistema social complejo?
El resultado de esta pregunta está directamente relacionado con las prioridades de cada persona. Tal vez para unos es más importante ser vistos con admiración por sus logros y por las cosas materiales que tiene, y es totalmente válido. Sin embargo, el tener esta postura requiere de compromiso constante, pues la única forma de mantener este estatus es obteniendo más y más, pues si no ¿qué valor tiene uno? ¿Alguna vez nos detendremos? ¿En algún momento estaremos satisfechos?
Antes de contestar todas estas preguntas debemos tener claro qué es lo que vamos a ganar y qué es lo que vamos a perder al tomar una postura u otra. La triste realidad es que nos esforzamos más por pertenecer que por ser la persona que siempre hemos soñado ser. Decepcionante, ¿no? ¿Por qué dejamos que otros definan nuestro camino?
Hay que entender que hagamos lo que hagamos, la gente siempre va a hablar, ya sea de forma positiva o negativa. Esto es un hecho inevitable, así que no importa qué hagamos y qué no hagamos, va a haber alguien que te va a decir que estás mal, y no hay forma de escapar de este fenómeno.




Predicamos tanto la razón del ser humano y la mayoría del tiempo no nos cuestionamos por qué estamos haciendo lo que hacemos. Ahora quiero que se pregunten: ¿Cuándo fue la última vez que hicieron algo por si mismos? ¿Cuándo fue la última ocasión que se dieron el tiempo de apreciar su existencia y lo afortunados que son por tener vida? Puedo asegurar que muchos de ustedes tuvieron que hacer un recorrido largo para llegar a la respuesta.

Así que dejen de preocuparse por lo que alguien va a decir o no va a decir. Todos tienen ya demasiados problemas como para dedicarle demasiado tiempo a los de los demás. Disfruten sus vidas, hagan lo que los hace feliz y no lo que creen que los va a hacer feliz. 

Vive, y vive al máximo, porque solo hay una oportunidad de vivir esta vida, y solo tú tienes el poder de decidir cómo lo quieres hacer.



lunes, 20 de julio de 2015


¿Alguna vez se han puesto a pensar que el éxito de las veces en las que salimos a establecimientos nocturnos depende enteramente de terceros? La mayoría del tiempo, como adolescentes, entramos a algún antro o bar, sin conocimiento alguno de qué es lo que hay detrás del negocio, desde las obligaciones de los empleados hasta la forma en la que opera esta industria.

Sin embargo, cuántas noches hemos entrado con nuestros amigos, y nos hemos divertido, sin antes haber considerado todas las personas que formaron parte para hacer posible nuestra noche de diversión y festejo. Desde que llegamos y nos estacionamos, hasta que nos vamos, incluso en las ocasiones en las que no tenemos memoria alguna de lo que sucedió de tan alcoholizados que acabamos, siempre hay alguien que se asegura de nuestra seguridad, de que hayamos sido atendidos de la forma correcta y que hayamos salido del establecimiento satisfechos con el servicio.

“Caras invisibles” es un proyecto que tiene como objetivo destapar el mundo en que viven todas las personas involucradas en el negocio de los establecimientos nocturnos.  Frecuentemente, tenemos la mala costumbre de hacer menos y de juzgar a quienes nos cobran el estacionamiento, los encargados de admitir nuestra entrada, o a quienes nos sirven nuestras bebidas, sin verdaderamente conocer las razones por las que hacen lo que hacen. Solemos criticar lo que vemos, sin entender qué es lo que hay detrás de la vida de todas estas personas.


En la actualidad, existe muy poca información sobre establecimientos nocturnos, y mucho menos sobre el personal de estos. Es por esta razón que el proyecto consistirá en conseguir testimonios, experiencias y anécdotas de las personas involucradas en este negocio, con el objetivo de conocer la opinión que ellos tienen sobre los clientes, entender más a fondo cómo funciona esta industria y analizar las ventajas y desventajas de los diferentes puestos que son necesarios para mantener el prestigio y la popularidad de un establecimiento. Por otro lado, esta investigación espera poder concientizar a la sociedad a ser más considerada respecto al tema y cultivar mayor respeto hacia estos puestos  de trabajo que en la actualidad son muy devaluados, ya que existe una ignorancia generalizada sobre lo que estas personas tienen que sacrificar para hacer posible una simple noche de fiesta.

La primera etapa de esta investigación se realizará con el personal de “Barroco”, el antro más popular de la ciudad de Mexicali, Baja California. Se entrevistarán a diferentes empleados, desde meseros hasta puestos de mayor autoridad. Si se obtienen los resultados esperados de esta investigación, se llevará a cabo este mismo proyecto a larga escala,  en ciudades del país más pobladas, como la Ciudad de México o Monterrey.

Este proyecto se encuentra apenas en su fase inicial, por lo que se acepta crítica constructiva, datos, testimonios y anécdotas que puedan enriquecer la totalidad de la información. Es importante tomar en cuenta que la investigación existente sobre este tema es escasa, y es necesario contar con fuentes confiables y datos que puedan ser respaldados para crear un acervo fidedigno que se pueda utilizar para futuros estudios. Para finalizar, se establece el 20 de julio de 2015, como la fecha de inauguración de “Caras invisibles”, y se agradece de antemano la participación de todas las personas que están haciendo y que harán posible la realización de este proyecto.



lunes, 11 de mayo de 2015

Cada segundo, un ser humano en el mundo intenta cometer suicidio. Cada 40 segundos, uno de ellos lo logra.

Según la “Organización Mundial de la Salud”, cada año se suicidan casi un millón de personas. A pesar de estas estadísticas tan drásticas, la prevención del suicidio es una necesidad que no se ha abordado a falta de conciencia sobre la importancia de este problema y debido al tabú tan fuerte alrededor de este que provoca que no se hable abiertamente sobre el tema.

            La percepción que la sociedad tiene del suicidio ha evolucionado con el tiempo. En la antigua Grecia, el suicidio era visto como un acto de honor; como una expresión de arte a su máximo nivel. En China, también se consideraba un acto de honor y lealtad. En Japón, se realizaba esta acción a través de una ceremonial, motivada por una expiación o derrota. No fue hasta los tiempos de la Edad Media que surgió una mentalidad que rompió con las ideas anteriores y convirtió al suicidio en tabú, provocando la prohibición absoluta de este. Hasta hace aproximadamente 40 años, los católicos que cometían suicidio no tenían el derecho a ser enterrados en un cementerio, pues la Iglesia creía que el hombre no podía cambiar un destino que estaba solo en las manos de su dios.
En la actualidad, el concepto de suicidio ya no está ligado con la concepción de un crimen o pecado, sino que ha sido estudiado desde un punto de vista médico y social, resultando en el producto de un síntoma o enfermedad. Sin embargo, el tabú que rodea esta palabra no ha perdido su fuerza. A pesar de que existe una conciencia de que el suicidio está ligado con problemas tales como depresión y pérdida del sentido de la vida, la sociedad considera que el suicida es una persona cobarde que no pudo enfrentar sus miedos y prefirió tomar la salida fácil.

Esta mentalidad provoca que muchas personas que están teniendo pensamientos negativos hacia sí mismos tengan miedo de pedir ayuda o de hablar con alguien de cómo se sienten porque no quieren ser juzgados. Solemos hablar de lo que nos enoja y discutir sobre lo que no estamos de acuerdo, sin embargo, no acudimos a nadie cuando se trata de hablar de nuestros sentimientos más profundos, pues tenemos una inquietud muy grande de no ser escuchados o entendidos.
Si acudiéramos con personas capacitadas desde el principio no llegaríamos a un estado mayor, como por ejemplo, a una depresión profunda. El que alguien cometa suicido está directamente relacionado con su estado emocional. Hay gente que está triste o melancólica, y clasificamos su condición con expresiones como “está deprimido”. Sin embargo, esta etiqueta genera confusión, e influye en el momento en que la persona decide solicitar ayuda, pues esta no identifica los síntomas más comunes de un estado depresivo.
Puede ser que nos sintamos tristes por situaciones como el reprobar un examen o porque nuestro equipo favorito perdió la final de fútbol. Generalmente, en estos casos se nos olvida lo que pasó después de algunos días y continuamos como si nada hubiera ocurrido. El problema está cuando esta condición se prolonga más de 5 o 6 semanas y no se le da seguimiento.
Se le realizó una entrevista a José Luis Montes, psicólogo del Instituto Tecnológico de Monterrey, con el fin de entender este problema más a fondo. Comenta que hay ciertos parámetros que indican que una persona está deprimida. El estado depresivo se conforma de diferentes elementos, por lo general: tristeza, pérdida de interés en lo que antes le interesaba y hay una disminución clara en la actividad. Para este tipo de depresión existe una causa concreta, como por ejemplo, la muerte de un ser querido, un fracaso, una enfermedad, entre otras razones. Cuando se presenta una de tendencia de este tipo, se le puede dar seguimiento de diferentes maneras, como por ejemplo, con terapia psicoanalítica o terapia conductivo conductual. Una vez que se detecta el disparador del estado de animo, es mucho más fácil darme combatir el problema.
Sin embargo, es importante distinguir entre esta depresión y la que surge por sí sola. Cuando uno no sabe de dónde vienen los sentimientos de tristeza y tiene pensamientos negativos reiterados tales cómo “nada tiene sentido o “ya no puedo...”, es importante acudir de inmediato con ayuda profesional. En muchos casos, el problema está relacionado con una condición neuronal y se puede tratar con soporte bioquímico y por medio de terapias.

Antonio de Luna, un joven estudiante de 20 años, es sobreviviente de un intento suicida. Comparte que desde que estaba en la secundaria empezó a sufrir problemas de depresión y ansiedad. El ambiente en su casa era tenso; su padre sufría problemas mentales y peleaba con su madre frecuentemente. Antonio se empezó a retraer; la ansiedad iba aumentando cada vez más. Después empezó a dejar cicatrices en su piel.  La situación se agravó cuando entró a preparatoria: los pensamientos suicidas eran abrumantes y su nivel de ansiedad estaba por los cielos. Hablaba con sus amigos sobre cómo se sentía; les contaba que se sentía triste, que le interesaba la muerte. Sin embargo, nadie se hubiera imaginado que intentaría hacer algo aparte de divagar sobre la muerte. Ocho meses después, atentó contra su vida.
 Según José Luis Montes, cuando alguien empieza a explicarnos cómo se siente, los demás tendemos a minimizar sus sentimientos e ignoramos la gravedad de la situación haciendo comentarios como “anímate, no pasa nada” o “todo va a estar bien, no te preocupes”. Hay que saber distinguir entre tristeza y depresión, y ahí es cuando es necesario atender la situación.
No es sencillo para nadie tratar con una problemática. Sin embargo, si vemos que alguien se rompe la pierna, lo más lógico que haríamos es ayudarlo a caminar y llevarlo a un hospital. Entonces por qué nos paralizamos si alguien nos dice “me siento triste y tengo pensamientos suicidas”. Precisamente por el tabú que rodea la palabra “suicidio”, las personas se sienten intimidadas por las cuestiones relacionadas a la salud mental. Esto afecta directamente a la persona que está teniendo pensamientos negativos reiterados, pues como nadie intenta ayudarlo, se va hundiendo a tal punto que es muy probable que llegue a un punto de tanto sufrimiento que decide quitarse la vida.  
Antonio pensaba que si moría, ya no se sentiría triste. Pensaba que aunque  cumpliera 70 años y lograra cosas en su vida, no significaría nada a largo plazo. ¿Qué caso tenía entonces vivir?
Para poder combatir el problema, es necesario entenderlo. Cuando una persona habla de suicidarse, lo que en verdad está haciendo es pedir ayuda. Una persona en un estado muy profundo de depresión ni siquiera tiene las energías para quitarse la vida. José Luis Montes comenta que cuando la persona no habla de ello, es muchísimo más peligroso. Generalmente está muy reflexiva durante un periodo de tiempo, empieza a hablar de la muerte y suele despegarse de cosas que antes eran muy personales para ella. Los casos de suicidio exitosos han presentado primero una etapa depresiva y de desapego seguida de una de felicidad  y tranquilidad.  Entonces, ¿por qué se suicidaron si parecía que estaban mejorando?  Cuando el suicida toma la decisión de quitarse la vida, está tranquilo porque ha encontrado la solución a sus problemas y siente paz por el hecho de que pronto dejará de sentir dolor.

Antonio no podía dejar de pensar en que su vida era un terrible desastre. Acababa de chocar su carro. La niña que le gustaba lo acababa de rechazar. Su ansiedad estaba en el punto máximo. El 5 de abril del 2011 fue el día que decidió atentar contra su vida.  Antonio tenía solo 16 años. Estaba en el salón de clases cuando tomó la decisión. Había roto un escritorio por accidente. Esa fue la gota que derramó el vaso.
Ese día, su madre y su hermano saldrían de viaje. A su papá lo acababan de operar, por lo que estaría todo el día reposando. Era la oportunidad perfecta para terminar con el sufrimiento de una vez por todas. Volvió a su casa a despedirse de su mamá y su hermano. Robó una navaja de la biblioteca de su padre y tomó un cuchillo de la cocina. Después, subió a su cuarto y escondió ambas armas debajo de su almohada.
Es importante tomar en cuenta que matar a un ser humano no es fácil. Menos fácil es matarse uno mismo. Tenemos un instinto de supervivencia que se enciende cuando nos encontramos en una situación extrema de peligro. Si esto es un hecho, entonces ¿por qué siguen habiendo tantos suicidios en el mundo? Porque el suicido se lleva a cabo una vez que el individuo tiene un quiebre psicótico, provocando que llegue a un grado máximo de locura.  Pongamos el siguiente ejemplo: si una persona tiene un episodio esquizoide y empieza a ver alucinaciones se puede suicidar. Si está bajo la influencia de alguna droga como heroína o metanfetaminas, se puede cometer el acto tranquilamente una vez que pierde la noción de la realidad.
Antonio esperó a que su padre estuviera dormido para iniciar su plan. Bajó a la cocina y tomó dos cajas de sus antidepresivos. Se encerró en su cuarto.  Entró al baño, vertió las pastillas sobre su mano y se las tomó de un trago. Al hacer esto, sintió calma.  Sintió que estaba realizando algo importante. Sintió felicidad. Sintió adrenalina.
Se desvistió por completo y se metió a bañar con agua hirviendo con el fin de que fluyera su sangre más rápido. Después, tomó el cuchillo y la navaja e intentó cortarse las venas de sus muñecas. Sin embargo, por más fuerza que ponía, su piel no sangraba. No lograba encontrar la vena para terminarlo todo.  Antonio sentía desesperación, no se podía cortar, tendría que encontrar otra solución. Llevó la navaja a su yugular. El cuchillo no cortaba su piel. El agua seguía corriendo. Entró a al regadera y se sentó a esperar a que la vida saliera de su cuerpo. En ese momento, empezó a dudar. ¿Qué si las pastillas no hacían efecto? No había sido capaz de cortarse. Su plan había sido un fracaso. Ni siquiera pudo lograr matarse.  
A pesar de algunos patrones que se presentan, el suicido es imposible de generalizar. En unos casos se puede presentar una estructuración, donde el suicida va planeando a detalle la forma en la que lo va a hacer. Por otro lado, está el suicidio espontáneo, el cual es mucho peor pues no presenta tendencia alguna. Puede suceder que la persona va caminando por la calle y en eso tiene un quiebre psicótico y decide atravesarse frente a un carro. Todo depende de la persona. Lo único que todos los casos de suicidio tienen en común es que el punto en que el individuo toma la decisión, este ya no está consciente de lo que es irreversible.
En eso, sonó su celular. Era su mejor amiga. Antonio contestó. Ella le preguntó si estaba bien. Antonio se preguntó cómo es que ella supo que algo estaba pasando. Sin embargo, le mintió y le dijo que no había de qué preocuparse. Ella lo presionó hasta que él le confesó lo que hizo. Ella le rogaba una y otra vez que le dijera a su papá, que pidiera ayuda. Antonio estaba preocupado por lo que dirían al darse cuenta que no pudo suicidarse. Estaba seguro de que lo regañarían. En eso, empezó a sentir sueño. Se acostó. Le dijo a su mejor amiga que le diría todo a su papá en la mañana. Empezó a sentir una tranquilidad aterradora; las drogas habían hecho su efecto. Apagó su teléfono y cerró los ojos. Despertó la mañana siguiente en el hospital; alguien había salvado su vida.
José Luis Montes también menciona que muchos de los suicidas realmente no se dañan en el acto, pues ellos ya sufrieron anteriormente. El objetivo es dañar a otros con sus actos con el fin de que vivan el resto de sus días culpándose.
            Antonio quería ser recordado, se quería sentir como un mártir. Su meta era que la gente se sintiera culpable, que todos pensaran que debieron ser más lindos con él, que lo debieron de haber tratado mejor. Quería ser recordado como un “pobre genio incomprendido”.   Sin embargo, por razones que aún no se puede explicar, la vida le dio una segunda oportunidad.
El que alguien se suicide trae consigo numerosas consecuencias. Las familias del suicida se destruyen por completo. Se preguntan constantemente “por qué”, y el sentido de culpa es muy grande. Si los suicidas vieran cómo terminaría su familia, algunos la pensarían dos veces. El daño dura años, toda la familia requiere ayuda…sobre todo por los “no me di cuenta”, “yo pensé que..”. Es una situación muy difícil de superar.
Los padres de Antonio estaban devastados. El sentimiento de culpa que sentían era incomparable. Su padre quería culpar a los demás, no quería aceptar la realidad. No fue hasta que su esposa le gritó que era necesario que se diera cuenta que era su culpa que decidió aceptar la realidad. 

Antonio recibió muchas visitas en el hospital, sin embargo, se daba cuenta que todos lo trataban con lástima. Las conversaciones con los demás eran incómodas, nadie sabía qué decirle. Aparte, toda persona con la cual que entablaba algún tipo de contacto miraba con horror las cicatrices que había tallado en su piel. Él quería hablar con sus amigos como antes, pero al parecer todo había cambiado. Antonio estaba enojado con las personas por tratarlo tan bien, quería que todos simplemente dejaran de fingir. Eventualmente, pasó el tiempo y Antonio dejó de ser el centro de atención. Todos continuaron con su vida, y Antonio decidió hacer lo mismo.

La historia de Antonio es un ejemplo de lo que muchas personas están viviendo en la actualidad. Mientras estás leyendo estas palabras, alguien acaba de morir a causa de suicidio. Ese alguien podría ser tu hijo, tu padre o tu mejor amigo. Vivimos pensando que fenómenos como este le ocurren a otras personas, pero no a nosotros. Sin embargo, las estadísticas dicen todo lo contrario. Debemos empezar a hacer diálogo con los demás sobre este tema, y más importante aún, verdaderamente aprender a escuchar  lo que las personas alrededor de nosotros nos intentan comunicar.

Antonio actualmente está cursando su cuarto semestre de la carrera de “Ingeniería en ciencias computacionales”. Comparte que si ahorita tuviera la oportunidad de hablar con el Antonio de hace 4 años, le diría que las cosas mejoran, y que aunque sienta que es el problema más grande de la vida, tiene que afrontarlo con calma. Le diría que le gustaría enseñarle dónde está ahorita, enseñarle que está sano mentalmente y que tiene buenos amigos. Le diría que salió adelante, y que aunque parezca imposible en ese momento, la vida continua y los problemas se terminan. Le diría que es feliz.


Vivimos en una sociedad que valora lo superficial por encima de lo espiritual. Las personas han dejado de conectar entre sí mismas y por lo tanto han dejado de escuchar. Nos dejamos presionar innecesariamente por ideas como el “debo tener cierto peso”, “debo tener cierto celular”, “debo ser exitoso”, y los sentimientos los hemos arrumbado por completo en un cajón.
Debemos entender que el suicidio no es simplemente una “salida fácil”, ni tampoco una forma de escapar de los problemas. Es un acto que se comete cuando una persona ya no es capaz de ver otra opción de tan grande que es su sufrimiento. El hablar abiertamente sobre esta problemática es el inicio de una larga trayectoria hacia el cambio de mentalidad de una sociedad entera. Las personas que viven día a día sin un propósito necesitan urgentemente este cambio. Hagámoslos sentir que está bien hablar de cómo se sienten, hagámoslos sentir seguros de compartir con nosotros sus pensamientos. Hagámoslos perder ese miedo a ser juzgados. Hagámoslos saber que no tienen nada de qué estar avergonzados. Tú y yo tenemos el poder de salvar una vida. Entonces, ¿qué estamos esperando?
  
Agradecimientos
Se le agradece al psicólogo José Luis Montes por compartir sus conocimientos sobre este tema tan delicado y por ayudarnos a tener una perspectiva más clara y objetiva sobre la forma en la que se le debe de dar seguimiento a esta problemática. Un agradecimiento muy grande también para Antonio de Luna por compartir su historia con nosotros, una historia que le da esperanza a muchos otros que están pasando por esta misma situación y que con su testimonio demuestra que las cosas en realidad sí se ponen mejor. Gracias por recordarnos que la vida sigue, y que siempre después de una tormenta, llegará la calma.

































 
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