jueves, 3 de diciembre de 2015

Nihilismo incomprendido

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El ser humano ha buscado explicar las razones de su existencia desde el principio de los tiempos, y en un esfuerzo por responder preguntas tales como: ¿de dónde venimos?  ¿quién nos creó? y ¿por qué estamos aquí?, la inquietud se volvió tan grande que se tornó imposible vivir sin tener algún tipo de explicación para todas estas preguntas. Entonces, el humano, poco a poco, viendo lo que tenía a sus alrededores e intentando descifrar todo aquello que era capaz de percibir, empezó a crear conceptos que dieron inicio a la concepción que se tiene en la actualidad del mundo en el que vivimos.


Los primeros hombres, al verse enfrentados a lluvias, tempestades, fuerzas de la naturaleza aterradoras, enfermedades extrañas, y, lo más difícil de todo, la muerte, eran incapaces de explicarse tales fenómenos. Fue a través de sistemas de creencias y la creación de instituciones religiosas que el hombre pudo encontrar un sentido en su vida y explicar lo que alguna vez pareció inexplicable.


Al creer que era un dios o una entidad superior la que tenía control total sobre el pasado, presente y futuro de la humanidad, la vida se volvió sumamente sencilla. Todo sucedía por que debía suceder, porque así fue como esta fuerza superior lo quiso. Sin embargo, el hombre, al sentir la necesidad de cumplir sus deseos, empieza a dar todo de sí para que esta fuerza actúe a su favor. Se sacrifica y deja a un lado su humanidad para complacer a este ser supremo, pues en su mente, está claro que esta práctica lo llevará a ser aprobado por esta entidad a la que alaba, y por lo tanto, va a poder estar satisfecho consigo mismo.


Esta idea de magnificar a un concepto divino se vuelve tan poderosa que define a la humanidad por muchos siglos. El hombre está seguro que la vida, en el ahora, es un puente que lo llevará a un lugar donde no existe el sufrimiento. Cree firmemente que existe la vida después de la muerte, y que para poder alcanzarla, es importante esmerarse y seguir el camino de la bondad, pues si uno cae en la tentación del mal, sufrirá eternamente.


Al estar atormentando por estas creencias, el hombre carga, de forma inconsciente,  el peso de una responsabilidad que dicta lo que debe de hacer desde el momento en el que llega a este mundo hasta el momento en el que lo deja. Se castiga a sí mismo, y al mismo tiempo, la sociedad lo sanciona cuando no cumple con el comportamiento que se espera de él.



Vive con un miedo inmenso de no ser digno de este lugar divino donde todas sus malas acciones serán perdonadas. Entonces, intenta, y fracasa. Intenta, y vuelve a fracasar. Se angustia. Se reclama. Y por más que lucha, se encuentra cargando sobre sus hombros una inmensa culpa, y a pesar de que lucha por cumplir con el estilo de vida impuesto por su sistema de creencias, no se libra de este peso, pues no se percata de que el peso es su misma humanidad intentado ser liberada.


El hombre crece con la idea de que el sufrimiento es necesario, y que tiene que cargar con ese peso, porque al final valdrá la pena. Debe hacerlo, aunque no quiera aceptarlo. Debe aumentar esa carga sobre sus hombros, porque merece el sufrimiento, lo merece para lo que viene más adelante. Sin embargo, estas ideas, a pesar de que aún tienen gran influencia en la actualidad, fueron perdiendo poder por acontecimientos tales como el desarrollo de la ciencia, la revolución industrial, el crecimiento de las masas, la expansión del comercio, y las ideas de filósofos tales como Karl Marx, Friedrich Nietzsche, Jean Paul Sartre, entre otros.


Dios ya no es el centro del universo, pues es sustituido por el hombre. Nietzsche recalca este hecho en su obra “La muerte de Dios”. Este filósofo alemán, en su tiempo,  hace una crítica profunda de la cultura, la religión y la filosofía de occidente a través de la creación de nuevos conceptos y la destrucción de los que integraban el sistema de pensamiento de su época.


Su crítica se dirigió especialmente a la moral cristiana, pues sostenía que esta suponía que el hombre era incapaz de distinguir entre lo bueno y lo malo. Nietzsche predica una reestructuración de esta moral y establece que para que esto se logre es necesario la muerte de Dios. En “Así Hablaba Zaratustra”, el filósofo se refiere a esto como “las tres transformaciones”. El espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente, el león en niño; esto es una representación metafórica de la transformación de hombre a superhombre.

El espíritu es, primeramente, un camello que reclama cargar las cosas más pesadas, porque cree que así, el espíritu será capaz de ser fuerte, sólido y repleto de respeto. ¿Y qué es lo que carga? Carga con la humildad, el sometimiento y el resentimiento hacia la vida.


“El espíritu sólido echa sobre sí todas estas cosas tan pesadas, y como el camello que corre cargado por el desierto, así corre el por su desierto”. (Nietzsche, 1993) Sin embargo, en el desierto solitario el espíritu se convierte en león; su objetivo ahora es conquistar la libertad y convertirse en el dueño de su propio desierto. Sin embargo, surge la duda, en forma de un dragón que se llama “Tú debes”, y se dirige hacia el león y le dice: “En mí brilla todo el valor de las cosas. Todos los valores han sido creados ya, y yo soy quien representa todos los valores creados.” El león lucha por la victoria, lucha por el “yo quiero”, simbolizando el hombre crítico que busca destruir los valores establecidos por la cultura occidental. Entonces, el poder y la fortaleza del león crea la libertad para la nueva creación.


Después, el espíritu se convierte en niño, quien representa la inocencia y toma la vida como un juego; es el niño quien cumple la tarea de crear los nuevos valores. Una vez llegado a este punto, se ha completado la transformación de hombre en superhombre. “El espíritu quiere ahora su propia voluntad; el que ha perdido el mundo quiere ganar su propio mundo” (Nietzsche, 1993).


Esto nos lleva directamente al concepto de la muerte de Dios. Para Nietzsche, Dios es una metáfora que representa lo absoluto; un todo que el hombre utiliza para darle un sentido a su existencia.


La creencia absoluta en esta entidad funciona para consolar a los hombres de la miseria y el sufrimiento que se presenta en el mundo; es una idea que se utiliza como refugio, pues el hombre no es capaz de aceptar la vida tal y como es. Al declarar que Dios está muerto, los hombres se encuentran frente a la oscuridad; ya no existe esa luz que antes los guiaba y le daba sentido a su ser. Surge una crisis de sentido y el hombre debe aprender a vivir sin este apoyo mediante la creación de nuevos valores y de una nueva moral. El hombre debe de dejar de ser hombre y convertirse en quien le da sentido a la vida: el superhombre.


“El superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre”. (Olleta, 2010) Este lucha contra la moral impuesta por las religiones y busca sustituirla por una que surja desde lo más profundo de su ser. Crea valores fieles al mundo de la vida que le permiten expresar de forma adecuada su personalidad y riqueza.



No cree en ningún tipo de realidad trascendente, ni en Dios, ni en el destino. Para él, el sentido de la vida es el que uno mismo le da, y por lo tanto, acepta que la vida es finita. Entonces, recibe al sufrimiento, la enfermedad, y la muerte con los brazos abiertos, pues sabe que de estas experiencias puede salir enriquecido. Es por estas razones no le da importancia al placer ni al dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de todos el desarrollo de su voluntad y espíritu. Sin embargo, aparte de ser duro consigo mismo y con los demás, este hombre “evolucionado” ama la intensidad de la vida; aprecia la alegría, el entusiasmo, la salud y el amor, y puede ser magnánimo y generoso, como una muestra de la riqueza de su voluntad.


Es importante hacer mencionar que la doctrina de Nietzsche se relaciona frecuentemente con la ideología nazista. Se dice que Adolf Hitler tomó expresiones como la voluntad de poder y las características del superhombre como bases para su movimiento. Sin embargo, no se toma en cuenta que Nietzsche creó el concepto de superhombre mientras se encontraba en Italia huyendo de todo lo relacionado a lo “alemán”, pues estaba totalmente en contra del antisemitismo que iba tomando auge durante su época.


Nietzsche criticaba exhaustivamente todo lo relacionado con el sometimiento a normas tanto sociales y políticas; estaba en contra de aquello que implicara imposición y pertenencia a un grupo. Expuso los valores de la cultura contemporánea en los que se sustentaba la vida y criticó la estructura social de su tiempo. Fueron estas ideas las que lo llevaron a ser el primero en entender la filosofía como la metafísica de la vida.


Esta filosofía vitalista revolucionó la forma de ver el mundo. Antes existía una esperanza ciega en algo o en alguien; se creía firmemente que existía una fuerza superior que vinculaba a los hombres y que ordenaba todos los acontecimientos. Pero cuando Nietzsche impuso sus ideales, arrasó con los conceptos de unidad, certidumbre y semejanza.


“Nietzsche mostró que es un mito la idea de una realidad ordenadora racional. No hay una verdad ni un sentido único de la historia, sino que cada uno inventa el suyo. La posmodernidad se ha encargado de desenmascarar la seguridad de la ciencia, el poder de la razón, la certeza del pensamiento...todo ello son “falsos ídolos” que hay que derrocar”. (I.E.S Séneca)


Para darle fin a  esta crisis, Nietzsche propone la transvaloración de los valores, sin embargo, debemos estar conscientes de que aún no hemos llegado a esa etapa, y es probable que nunca lo hagamos. La sociedad se encuentra estancada de nuevo, probablemente aún más que en la época de Nietzsche.  Las antiguas creencias, que solían ser principalmente religiosas, se han sustituido por otras del mismo poder, como por ejemplo: el dinero, el trabajo, la política, la jerarquía, el progreso, etc. “El individuo actual en todo caso expresa una queja hacia esas instituciones y esos poderes sin rechazarlos, al contrario, defendiendo su existencia y su legitimidad pero “luchando” para se estructuren o se contemplen bajo su prisma ideológico”. (Besançon, 2014)


Y este mismo proceso se ha visto a través de la historia repitiéndose una y otra vez: las sociedades pasan de una forma mayoritaria de pensar a otra, sin que exista un periodo de transición, o como lo predicaba Nietzsche, la creación de nuevos valores. “Hemos sustituido los valores ficticios del platonismo y el cristianismo por otros, igualmente falsos.” (Caballero, 2014)


No se ve presente un cambio de pensamiento, sino un cambio de poder, de estructura y de autoridad. En la actualidad, la sociedad cree ciegamente en el estado, en las leyes y en los medios de información. Hoy, nuestros valores no son más que una imposición del mercado que inventa necesidades y valores para guiarnos al consumo. Entonces, ¿dónde queda lo que cree uno mismo?  


El poder está tan arraigado en la vida del ser humano que la influencia que tiene sobre nosotros es imperceptible, y a pesar de que sigue sucediendo este fenómeno, la sociedad se atreve a llamarse nihilista. Y se llama así porque las personas ya no creen en nada. Ya nada tiene sentido; no existe el bien ni el mal y la verdad es meramente subjetiva. Nos llamamos nihilistas porque hemos vuelto banal el arte, la cultura y la desgracia, cuando Nietzsche consideraba que sin esto, la vida sería un error.  Nos hemos acostumbrado a la diversidad de opiniones a tal grado que ya no le damos importancia a la novedad. Y esta forma de ver la vida va totalmente en contra de lo que predicaba este filósofo; hemos tergiversado su ideología, pues él creía firmemente que aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos.


En nuestra época, tenemos la mentalidad de que todo vale. Sin embargo, es importante preguntarnos si hemos hecho algún esfuerzo por superar esta etapa y llegar a otra en donde el sentido de la vida sea verdadero. La respuesta es no.  “Nietzsche aspiraba a que el hombre viviera la vida asumiendo tanto el placer como el dolor que conllevara, y no esta versión light y edulcorada que nos transmiten los anuncios, que son los púlpitos ideológicos de nuestro tiempo.” (Caballero, 2013). . No hemos llegado ni a los talones de este superhombre. No hemos podido superar este periodo nihilista porque no tenemos la más mínima intención de construir nuevos valores que nos permitan estar satisfechos con la vida. Y siendo realistas, esta idea, desafortunadamente, permanece como una utopía derrumbada y olvidada en los escritos de este pensador visionario.

Referencias
  1. Aquileana (2008) Friedrich Nietzsche: “Así Habló Zaratustra”: “Las Tres Transformaciones del Hombre”. Recuperado el 3 de diciembre de 2015 de: https://aquileana.wordpress.com/2008/05/06/friedrich-nietzsche-asi-hablo-zaratustra-las-tres-transformaciones-del-hombre/
  2. Nietzsche, F. (1991) “Así Habló Zaratustra”. Buenos Aires. Alianza. 1991.
  3. Schaum. (2005) “INFLUENCIA Y ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE”. Madrid. Recuperado el 3 de diciembre de 2015 de: http://www.acfilosofia.org/materialesmn/historia-de-la-filosofia/historia-de-la-filosofia-contemporanea/288-influencia-y-actualidad-del-pensamiento-de-nietzsche
  4. “Actualidad del pensamiento de Nietzsche.” IES Séneca. Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de: http://www.iesseneca.net/iesseneca/IMG/pdf/4_actualidad_de_nietzsche.pdf
  5. Besançon. (2008) “¿Realmente vivimos en una sociedad y un periodo nihilista?” Revista Nada. Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de: http://revistanada.com/2014/08/05/realmente-vivimos-en-una-sociedad-y-un-periodo-nihilista/comment-page-1/#comment-952
(2014) “Actualidad de Nietzsche”. Selectividad 2014.  Recuperado el 5 de diciembre de 2015 de:  http://selectividad2014jc.blogspot.mx/2014/05/nietzsche-actualidad.html

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