lunes, 14 de septiembre de 2015

Sí, te estoy hablando a ti.

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La mayoría de las veces en las que estoy utilizando redes sociales, me encuentro con una gran cantidad de publicaciones que critican la corrupción existente en nuestro país. Veo cómo las personas juzgan a nuestro presidente y a nuestros políticos, y leo cómo exigen que rindan cuentas a sus ciudadanos, que sean transparentes y que se enfoquen en el progreso del país.
Estoy completamente de acuerdo que la situación de nuestro país no es la ideal. Sin embargo, estoy en contra con la idea de que solamente una persona y un organismo tiene responsabilidad total de todos los problemas en los que estamos sumergidos.


Estudios realizados por diversas instituciones tanto nacionales e internacionales demuestran que un 48% de los ciudadanos entrevistados piensan que la corrupción es enteramente fomentada por el gobierno. 30% mencionaron que tanto los ciudadanos, empresarios y el gobierno son actores directos en la propagación de este fenómeno. Sin embargo, solo 13% contestó que son los ciudadanos los que promueven este tipo de prácticas.


Me parece ridículo el porcentaje tan bajo de personas que cree que la responsabilidad yace en el ciudadano, y me decepciona el número tan alto de ciudadanos que están seguros de que la situación en la que estamos se le debe enteramente a las prácticas de sus gobernantes.


No me averguenza decir que yo soy parte de ese 13% que cree que la responsabilidad está en uno mismo. Me he dado cuenta que la gente a mi alrededor realiza acciones pequeñas y corruptas de forma tan seguida que se han vuelto parte de su comportamiento normal. Observo que les pagan a otros para que les hagan sus proyectos y tareas, que le pagan mordida al policía que los multó, y que toman cosas que no les pertenecen. Y por desgracia, estos son algunos de los ejemplos innumerables que definen el comportamiento de  nuestra juventud, y me incluyo en este grupo, pues alguna vez yo también he realizado alguna de estas acciones.




La razón por la que escribo esto es porque en mi universidad existe un grupo de estudiantes que consigue las respuestas de los exámenes de distintas materias y para venderlas a quienes aportan con medios económicos. A este fenómeno se le conoce como “mafia”, y su presencia es sumamente fuerte durante la temporada de parciales.


Quiero mencionar que, el Tecnológico de Monterrey, la universidad en la que actualmente curso mis estudios, enfatiza el desarrollo de sentido humano de sus estudiantes y de la práctica constante de la honestidad. Llevamos clases, como ética ciudadana, en las que nos inculcan valores, y en la que nos hablan sobre la falta de personas que hay con sentido de responsabilidad y honestidad y lo importante que es que nosotros seamos esos seres que realizarán un cambio significativo en la sociedad. Sin embargo, aunque sea difícil de creer, en ambientes donde se fomentan este tipo de comportamientos, la corrupción se ve más presente que nunca.


Analicemos el ejemplo anterior con más detalle. Es semana de parciales. La mayoría de los alumnos están estresados. Muchos de ellos llevan días durmiendo poco. En eso, a un estudiante, llamémoslo, estudiante “X”, le llega un mensaje. Es de parte de un compañero, y le está ofreciendo las respuestas al examen que tiene que presentar el día siguiente.
“X” está cansado, lo único que quiere es que termine la semana. No le ha ido bien en los parciales anteriores, y esta es la oportunidad perfecta para salvar su promedio. Entonces, acepta, y obtiene calificación aprobatoria.


Las razones por las que “X” tomó esta decisión tienen sentido, no? Sin embargo, son suficientes para eximir su acción de haber aportado al crecimiento de la corrupción? Por supuesto que no.


Hay que tener en claro que la corrupción no solo es de quien te hace una oferta que va en contra de tus ideales, sino de quien la acepta. Al final, todo se define por la decisión que tomas.


Y si aceptas, y días después estás hablando sobre la ineficiencia de tu gobierno, con qué cara los juzgas si tú haces lo mismo, pero menor escala? Así como al estudiante “X” se le hizo fácil aceptar las respuestas, a un político se le hizo igual de fácil aumentarse el sueldo.


Y probablemente ese político empezó con acciones tan pequeñas como el copiarle las respuestas a su compañero durante un examen. Y como se dio cuenta que era fácil, que nadie se dio cuenta, y que no hubo consecuencias, decidió aplicarlo en todos los aspectos de su vida. La trampa te lleva el punto donde quieres estar en un abrir y cerrar de ojos. El esfuerzo y la dedicación, por otro lado, es un proceso muchísimo más tardado.


Entonces, si decidimos irnos por el camino de la trampa y la corrupción, tal vez obtendremos lo que sea que queramos, y tal vez, lo hagamos con tanta frecuencia que llegaremos al punto en donde ya no lo veremos como algo incorrecto, sino inteligente. La corrupción se convierte en un estilo de vida que se cultiva desde el primer momento en que preferimos irnos por el camino del menor esfuerzo que el del trabajo.


Todos tenemos la libertad de escoger, pero hay que tener en claro que nuestras acciones definen nuestra persona, y a la larga, nos definirán tanto que no podremos escondernos ni siquiera tras la hipocresía. Antes de empezar a juzgar tenemos que analizar si las acciones que hacemos son igual de coherentes que las acciones que exigimos. Si eres corrupto, no critiques a otros por serlo. Si estás en contra de la corrupción, entonces que lo demuestren tus acciones.


Debemos tomarnos el tiempo de analizar nuestras acciones y actuar sobre la responsabilidad que nosotros tenemos para combatir este fenómeno. Si queremos vencer la corrupción, evitemos ser corruptos. Así como dijo Leo Tolstoy, debemos de tener presente que “cualquier cosa es mejor que la mentira y el engaño”.


El cambio está en uno mismo, no en un organismo gubernamental, no en unos cuantos políticos, sino en nosotros. El futuro y el desarrollo de nuestro país está en nuestras manos. Y les ruego, porfavor, que no lo echemos a perder.

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