One, two, three, four, five, six, seven, eight, nine, ten
One, two, three, four, five, six, seven, eight, nine, ten
One, two, three, four, five, six, seven, eight, nine, ten
Do, re, mi, fa, sol, la si, do
Do, si la sol, fa, mi, re, do
Do, re, mi, fa, sol, la si, do
Do, si, la, sol, fa, mi, re, do
Cada paso es un número.
Cada nota forma parte de un patrón. Un toque en la pierna derecha.
El dedo pulgar, el índice, el medio. Dedo pulgar, índice, medio. Meñique, anular, medio, índice, anular, medio, índice, pulgar. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez.
Secuencias y patrones. Trazos. Tensión. Pensamientos que aparecen sin precedente. Dolor muscular. Insomnio. Ideas sin sentido. Pulso acelerado. Respiración limitada. Mareos. Miedo. Pavor. Pánico. Aislamiento. Prisión. Soledad. Eternidad.
Culpa. Culpa constante. Culpa todo el tiempo. Trazos. Secuencias. Patrones. Culpa. Trazos. Secuencias. Ideas. Pavor. Trazos. Secuencias. Pánico. Culpa.
“No eres suficiente”
“Pudiste haber hecho un mejor esfuerzo”
“No vales nada”
“No eres nadie”
“Solo eres una carga para los demás”
“Todos te odian”
“Eres un estorbo”
“Eres un fracaso”
“No le importas a nadie”
“Te lo mereces”
Les presento a “ella”. El repetir las frases anteriores es su pasatiempo favorito. Es una persona a la que veo todos los días en el espejo, y de la que casi no se absolutamente nada. “Ella” vive en mi cabeza, todo el tiempo. Es una voz constante, la voz de mi desorden obsesivo compulsivo.
Empecé a presentar los síntomas a partir de los 12 años. Por razones que no me podía explicar, me entró una idea de que tenía que contar las letras de cada palabra. Veía alguna palabra en un anuncio o en una oración, y tenía que contar las letras, de forma individual.
Piensen en cuántas palabras no hay alrededor de nosotros. Contaba todo lo que veía en publicidades, subtítulos, libros de texto, letreros. Contaba tanto que incluso tomaba en cuenta las palabras de las conversaciones que yo tenía con las personas y que las personas tenían entre ellos. Todo el día estaba contando, contando sin cesar. Era desgastante, pero no podía parar.
Un año después, el conteo excesivo tomó otro hábito. Ahora, tenía que dividir todo número que viera hasta llegar a su número primo. Por ejemplo, veía el número 120 en algún lado, y mi cabeza comenzaba a dividir hasta que llegara a la última posibilidad de división, que en este caso era 2. No importa lo grande que fuera el número, llegaba hasta su estado primo. Sin excepciones. No entendía por qué hacía esto. Lo único que sabía es que tenía que.
Después, el rango de cosas que contaba aumentaba con el tiempo. Semáforos, pasos, escalones, respiraciones, líneas en la banqueta, horas, minutos, segundos. Mi obsesión con el tiempo fue la que adquirió la mayor cantidad de poder. La idea de que podía controlarlo de alguna forma, y que tenía que, no se salía de mis pensamientos. Contaba cuántos minutos me tomaba hacer cualquier actividad, desde levantarme de la cama, vestirme, hasta el trayecto en carro del viaje hacia la escuela. Todo tenía que estar calculado. Sino, algo malo pasaría.
Al mismo tiempo, ideas sin sentido sobre perfección empezaron a frecuentar más por mi mente. Sentía una necesidad de tener todo planeado antes de hacerlo. Si las cosas no salían como esperaba, sentía que el mundo iba a explotar. No podía respirar. Por ejemplo, si ese día quería llegar a la escuela a las 9:00 y llegaba a las 9:01 me sentía como el fracaso más grande por no haber previsto lo suficiente y por no haber cumplido mi orden mental inicial. Y si alguien me decía que iba a pasar por mi a las 7:00, y llegaba a las 7:03, ya no podía estar bien el resto del día, porque iba a estar pensando en que era mi culpa por no haber podido calcular el tiempo en el que esa persona iba a pasar. Y no solo eso, cualquier evento que no salía como esperaba, traía recuerdos de todos las otras situaciones en las que no había sido capaz de calcular correctamente, llevándome a un abismo de ideas de fracaso y a la destrucción de mi autoestima.
Y es donde empezó a desarrollarse “ella”. El ponerse expectativas tan altas, con situaciones imposibles de controlar, lleva, evidentemente, al constante fracaso. No entendía por qué siempre existía una voz en mi cabeza que me decía que todo lo que hacía estaba mal, y que si me equivocaba, todo iba a ser terrible. Y aunque no sabía qué era “todo” la simple idea de imaginarlo me hacía hiperventilar. “Ella” también me introdujo a la pesadilla de la duda.
“No cerraste la puerta de la casa. No cerraste el carro con llave”, eran oraciones que se repetían una y otra vez en mi mente. Y tenía que volver a revisar, una y otra vez. Y nunca podía estar verdaderamente segura.
Yo: ¿Puse la alarma a la hora correcta? Sí... ¿Pero sí la puse? Debería de checar….Muy bien, la alarma ya está puesta. Es hora de dormir.
Ella: Pero no pusiste la alarma.
Yo: Tienes razón, aún no he puesto la alarma, tengo que checar, porque no estoy segura si sí la puse. Perfecto, ya está puesta, ya me voy a dormir.
Ella: Pero la alarma no está puesta, ¿estás segura de que está puesta?
Yo: Sí, acabo de revisar, creo que sí la puse, pero espera, no estoy tan segura.
Ella: Si no suena no vas a poder ir a la escuela, y mañana van a hacer lo más importante de toda la semana, si no vas lo más probable es que repruebes. Si repruebas no tendrás una buena calificación y vas a ser una fracasada. Todos se van a avergonzar de ti, dejarán de ser tus amigos y vas a acabar viviendo en la calle.
Yo: Tienes razón, mejor debería revisar si sí puse la alarma. Ya estoy segura de que está puesta ya me voy a dormir.
Ella: ¿Pero qué si no suena? No la pusiste bien. ¿Estás segura de que va a sonar?
Yo: No, no estoy segura, pero mejor me levanto a revisar de nuevo.
En la preparatoria fue cuando empecé a pensar que había algo verdaderamente mal conmigo. Sentía un odio terrible hacia mi persona. ¿Por qué hacía todo el tiempo actividades sin sentido? ¿Por qué contaba? Por qué hacía tantas secuencias? ¿Por qué tenía que tocar ciertas cosas para sentirme mejor? Por qué pensaba en cosas tan tontas y exageradas? ¿Por qué no podía filtrar las imágenes terribles que pasaban por mi cabeza por días enteros?
¿Por qué eres así? ¿Por qué no puede ser normal? Me preguntaba eso todo el tiempo.
Estaba cansada de siempre oír esa vocecita y no poder hacer nada para callarla. Sentía que “ella” me tenía encerrada en una jaula. Y creía todo lo que me decía. Estaba segura de que yo no era suficiente, de que no valía nada, de que era un fracaso, y que todo era mi culpa, aunque no tuviera nada que ver conmigo.
Ideas como, “si no salvas el mundo no vales nada”, o “si no resuelves los problemas de todos eres una fracasada” y “todo es tu culpa, los problemas del mundo entero son tu culpa, y mereces sufrir por eso”.
Todo esto se presentó con mareos constantes, bolas de estrés en la espalda, problemas de respiración, dolores musculares, insomnio, desórdenes alimenticios. Y con los años, sumado de eventos específicos que desarrollaron aún más estas ideas y hasta nuevas, las obsesiones aumentaron, al igual que las compulsiones. Cada vez era más difícil salir de la casa, de convivir con las personas. El solo imaginarme lo que podría pasar, me convencía de que la mejor idea era quedarme debajo de las cobijas, donde estaría segura. El miedo era cada vez peor. El pánico nunca se iba. Ahí estaba siempre. Y a donde volteara “ella” estaba a mi lado.
Ya no podía soportar esa voz. Cada minuto, y cada momento del día estaba ahí. Juzgando todo lo que hacía. Criticando cada movimiento.
Llegó a un punto en donde dejé de dormir. Duraba horas haciendo patrones, contando y haciendo trazos específicos. Estaba viviendo solamente en mi cabeza y repitiendo los escenarios que producía sin voluntad en donde cosas terribles me iban a suceder a mí y a mi familia. Duraba noches sin dormir porque estaba segura de que tenía una enfermedad como cáncer. Sino simplemente repetía eventos triviales y los descomponía durante horas sin objetivo alguno, pensando en qué pudo haber salido diferente, y qué pude haber hecho yo para cambiar el desenlace. No podía de dejar de repetir, no sabía por qué. El cansancio era terrible. La vida se volvió tortura.
Y no podía decírselo a nadie porque “ella” me tenía convencida de que me merecía todo ese sufrimiento. Quería gritar, quería llorar, quería que alguien lo supiera; pero el miedo era demasiado fuerte. Entonces, entré en depresión. Dejé de comer. Dejé de intentar. Dejé de hacer un esfuerzo de pelear contra “ella” y simplemente dejé que me consumiera. La dejé hacer lo que quisiera. Y toqué fondo.
El 13 de abril del 2015 fui diagnosticada con trastorno obsesivo compulsivo. Ese momento cambió mi vida por completo. Había una razón detrás de esa voz que tanto detestaba. Existía ayuda. Tenía posibilidad. Había esperanza.
La mayoría de las personas asocian el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) con el querer tener todo limpio y acomodado. Sino, piensan que es algo relacionado con la fobia hacia los gérmenes. También existe el repetido ejemplo de la persona que tiene que tener todo en orden simétrico y que si le mueves algo su mundo se sale de control. Sin embargo, el TOC es muchísimo más complicado que eso.
También veo a otros burlarse de esta enfermedad porque a ellos mismos les gusta organizar su ropa en orden y tener su cuarto recogido. Veo también fotos y cuestionarios en internet que tienen títulos como “Qué tanto TOC tienes?”, seguido de imágenes sobre sopas de letra desordenadas y de M&M's organizados en diferentes colores.
Sin embargo, el TOC no es un juego, no es una preferencia, es una condición que llega a definir por completo la vida entera de una persona, volviéndolo completamente disfuncional si llega a extremos. Personas con este trastorno tienen pensamientos e ideas, también conocidas como obsesiones, que provocan un nivel de ansiedad no manejable, y por lo tanto, la manera en la que intentan deshacerse de ella es a través de compulsiones (contar, limpiar, hacer secuencias, etc.) Sin embargo, estas compulsiones solo dan alivio a corto plazo, y al final terminan alimentando aún más a las ideas obsesivas, volviéndolo un círculo vicioso.
Los síntomas más comunes son el miedo excesivo a los microbios, necesidad de que haya orden, pensamientos prohibidos, el tener que verificar acciones y el conteo excesivo. Sin embargo, los miedos de cada persona son completamente diferentes. La diferencia que tiene alguien con tendencias algo obsesivas contra una persona con TOC es que esta no es capaz de controlar sus pensamientos ni sus acciones, y pasa la mayoría del tiempo consumido por estas ideas, volviendo su vida cada vez más miserable.
El trastorno obsesivo compulsivo es una condición de por vida. Es una lucha de todos los días. Cada momento es un reto, un esfuerzo de no dejarse consumir por el abismo de posibilidades que mi cabeza puede inventar. Sin embargo, es una vida de altas y bajas. Un día puede que sí sea funcional, y al día siguiente entro en un episodio obsesivo tan fuerte que no puedo hacer absolutamente nada.
En este mismo momento que estoy escribiendo, “ella” me está diciendo que todos ustedes van a pensar que estoy solo estoy haciendo esto por atención, que quiero que tengan lástima y me traten diferente, y que estoy exagerando.
Pero el hecho de que existe la posibilidad de que alguien que esté en la misma situación en la que estuve yo hace un año lea esto es lo que me motiva a dejar por un lado los miedos del “qué dirán”. Yo misma he podido salir adelante tras escuchar los testimonios de otros que pasaron lo mismo que yo, que siguen viviendo y que han sido capaces de salir adelante, sin importar lo dura que ha sido la lucha.
Todo lo que he compartido hoy es meramente una introducción a lo que es vivir con esta condición. En verdad, para mí es difícil ponerlo en palabras, porque la mayoría del tiempo ni yo entiendo qué es lo que me está pasando ni por qué. Y luego existe otro factor: la falta de información que las personas tienen sobre las enfermedades mentales y el tabú que gira alrededor de ellas.
Poco después de que empecé a compartir mi condición con los demás, otros compartieron conmigo también sus historias. Tenía tanto miedo de que me juzgaran y que se alejaran de mí, pero lo que pasó fue increíble: me di cuenta que todos han sido afectados ya sea directa o indirectamente por una enfermedad mental. Y me di cuenta que si uno tiene el valor de empezar el diálogo, las personas van a entablar la conversación.
Espero que el compartir mi experiencia y la forma en la que esto ha afectado pueda ayudar a cambiar la perspectiva que se tiene sobre enfermedades mentales y a inspirar a alguien de tomar la iniciativa de buscar la ayuda que necesita.
"Ella y yo"
Gracias y hasta pronto.





Excelente narrativa, te felicito por hacer extimidad de algo que para ti o mucho de nosotros puede ser muy íntimo y no tendríamos el valor de compartirlo. Todos tenemos un él o ella formando parte inherente a nuestra vida.
ResponderBorrarQue lindo!! Y en efecto, a veces el miedo a pedir ayuda es más por el qué pensaran de mí, y lo curioso es que como dices hay muchos tipos de problemas mentales que no los damos por hecho, de mi parte este año apenas he decidido atacarlo, porque como dices de pronto se vuelve muy difícil vivir así, gracias a dios es algo que se puede llegar a controlar y es lindo saber que no somos los únicos en el mundo :) besitos bebe!!
ResponderBorrar¡¡Gracias por compartirlo Ale!!, cuantos miedos cargamos en nuestras espaldas, que nos impiden levantar la cabeza y ver la luz y belleza a nuestro alrededor. Y es dándonos cuenta de ello que podemos lo enfrentar cara a cara. Conforme afrontas los miedos y pensamientos negativos, estos disminuyen su efecto y poder sobre nosotros; lo difícil es empezar. Un abrazo.
ResponderBorrarHola Ale, antes que nada gracias por compartirlo. Muchos de nosotros tenemos algún tipo de problema y nos sentimos agobiados, yo tengo fibromialgia y debo tener paciencia para explicar a la gente que me importa que es y qué me ocurre. Hay algo que mencionas la edad en que empezaste me llama mucho la atención pues conozco a una niña de 10 años que tiene muchas similitudes con lo que narras sin embargo en su casa lo toman como excentricidades y realmente me preocupa que no se den cuenta de la seriedad del asunto. Tú y ella van a salir adelante porque no estás sola tu familia te ama y apoya. Un abrazote. Zoraida
ResponderBorrarAle Adorada , Te Felicito por el valor de expresar tan profundamente lo que significa para ti convivir, como tu le dices, con ELLA . Te admiro por que has sabido salir adelante con mucha Fortaleza, Amor y Valentía. Recuerdo que tu palabras cuando subes a la montaña y te enfrentas tu sola al reto de subir un risco complicado o bajar por una cuerda donde no hay nadie mas que tu para ayudarte y dices voy a subir aunque ELLA te diga no vas a poder tu SUBES...
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